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A pan y agua | Historia del tango de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo

En 1916 Juan Carlos Cobián recibió la notificación del servicio militar. No se presentó. Durante unos meses disfrutó de la deserción hasta que dieron con él y lo mandaron preso al Regimiento 2 de Infantería. A esa sanción le debemos uno de los grandes tangos de la historia: A pan y agua.

Cobián compuso la música bajo arresto, a los veinte años. La letra llegó décadas después, en 1945, de la mano de Enrique Cadícamo. Y fue Ángel Vargas con la orquesta de Ángel D'Agostino quien la llevó al disco el 2 de octubre de ese año — con ese sonido cálido y nostálgico que convirtió a la dupla D'Agostino-Vargas en una de las más amadas de la historia del tango.

Juan Carlos Cobián: el Chopin del tango

Juan Carlos Cobián nació el 31 de mayo de 1896 en Pigüé, un pequeño pueblo bonaerense con reminiscencia de la campiña francesa. A los tres años la familia se trasladó a Bahía Blanca, donde estudió en el Conservatorio Williams — en esa misma filial estudió Carlos Di Sarli, que fue su condiscípulo. Fue precisamente la hermana de Cobián, Dolores, quien advirtió que el niño repetía sus ejercicios de piano con una habilidad asombrosa y convenció a los padres para que lo hicieran estudiar.

En 1913, ya recibido, llegó a Buenos Aires. Dormía en hoteles de un peso la cama y se ganaba los primeros pesos tocando en una cervecería alemana y varios cines, poniendo fondo musical al silencio de las películas. Su talento era evidente desde el principio: con su tango Salomé — junto al Sans Souci de Enrique Delfino — inauguró la tendencia del tango-romanza, una variación musical compleja que las editoriales rechazaban por considerarla mal compuesta. En realidad, estaba muy por encima de la música popular de la época.

Como pianista fue el primero en llenar con adornos en los bajos los silencios de la melodía — procedimiento que luego sistematizaría Francisco De Caro. Por su delicadeza en la ejecución lo llamaron el Chopin del tango. Su impecable esmoquin, sus modales distinguidos y su estampa de buen mozo fascinaban a mujeres y fomentaban su bien ganada fama de Don Juan. Era amigo del boxeador mediopesado Santiago Róttoli y del guionista Abel Santa Cruz; entrenaba boxeo y compartía la noche porteña con ellos hasta el amanecer.

En agosto de 1923 hizo lo más Cobián posible: vendió su piano y los muebles de su departamento, compró un pasaje de ida y se fue a Nueva York detrás de una cupletista española que le llevaba quince años. Al llegar al puerto nadie lo esperaba. Actuó en los salones del Waldorf Astoria y le puso música a los cortes improvisados de Rodolfo Valentino. En 1928 regresó, hastiado del whisky falsificado de los gángsters y de tener que alternar el jazz con el tango. Regresó a Estados Unidos entre 1937 y 1943, esta vez vía México. Nadie sabe bien qué pasó en ese período — cuando volvió, no habló del tema.

Cuando en 1942 llegó a Buenos Aires descubrió que su olvidado tango Los dopados se había convertido en el mayor éxito discográfico del año con el nombre de Los mareados — letra de Cadícamo. Con los dividendos vivió holgadamente sus últimos años. El 10 de diciembre de 1953 murió en el Hospital Fernández. Solo. Había perdido el conocimiento y hasta le habían robado su eterna pulsera de oro sin cierre — que había hecho soldar para hacerla imperdible en sus asiduas peleas a puño limpio. Cadícamo escribió que había elegido vivir de primera y morir de segunda, quizás porque la mortaja no tiene bolsillo. Dejó 50 obras publicadas y valiosos manuscritos inéditos.

La dupla Cobián-Cadícamo

Cobián y Cadícamo se conocieron en la sala privada de un discreto aristócrata porteño que convocaba semanalmente a veladas musicales a la elite musical de Buenos Aires. La amistad duró toda la vida — con sus interrupciones neoyorquinas. Juntos produjeron el mejor catálogo del tango-romanza: La casita de mis viejos, Shusheta, Nostalgias, Niebla del Riachuelo, Los mareados, Rubí y A pan y agua.

Cadícamo publicó en 1972 el libro El desconocido Juan Carlos Cobián, una crónica novelada sobre la vida de su amigo — quizás la mejor manera de honrar a alguien que eligió el misterio y la bohemia sobre la notoriedad.

Tito: la referencia oculta

La letra de A pan y agua menciona a Tito — una referencia concreta a Tito Roccatagliata, el violinista David Roccatagliata, que fue compañero de Cobián en el trío que formó con Eduardo Arolas en 1916. Es la clase de detalle que convierte al tango en una crónica de vidas reales, no solo en música.

Ficha técnica

  • Título: A pan y agua
  • Género: Tango
  • Música: Juan Carlos Cobián (compuesta c. 1919, bajo arresto militar)
  • Letra: Enrique Cadícamo (agregada en 1945)
  • Primera grabación con letra: Ángel D'Agostino con Ángel Vargas (02/10/1945, sello RCA Nº 60-0769)

Grabaciones destacadas

  • Ángel D'Agostino con Ángel Vargas (02/10/1945) — primera grabación y versión de referencia
  • Ángel Vargas con orquesta de Armando Lacava — versión posterior del mismo cantor

Análisis literario

La letra de Cadícamo trabaja sobre la nostalgia de un mundo que ya no existe — los años veinte del tango bohemio, los amigos que se dispersaron, las noches que no vuelven. El narrador recuerda ese tiempo como si fuera un sueño: en mi triste evocación surge el tiempo que se fue. La pregunta central — ¿dónde está la que amé? — no espera respuesta. El tiempo lo borró todo.

El título funciona en dos registros. En lo literal, a pan y agua era el castigo que Cobián sufrió bajo arresto — la alimentación mínima del prisionero. En lo metafórico, es la vida reducida a lo esencial: sin lujos, sin excesos, con lo justo para sobrevivir. Esa tensión entre la austeridad del castigo y la riqueza de los recuerdos es el corazón del tango.

El tango que viene de lejos a acariciar los oídos como un recuerdo querido — esa imagen de la música como memoria involuntaria, como el olor de Proust — es de las más logradas que escribió Cadícamo. Y eso es mucho decir viniendo del autor de Garúa, Los mareados y Niebla del Riachuelo.


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A mí no me den consejos | Historia del tango de Canaro, Riccardi y Juan Andrés Caruso

Hay tangos que nacen de una amistad de barrio y duran décadas. A mí no me den consejos es uno de ellos: música de Francisco Canaro y Luis Riccardi, letra de Juan Andrés Caruso — tres hombres que se cruzaron en el barrio de San Cristóbal a principios de los años veinte y que juntos tejieron parte del cancionero porteño.

Caruso fue para Canaro, según sus propias palabras, el primer y eficaz colaborador letrista que volcó su ingenio y su gracia sobre los acordes de mis composiciones. Y Riccardi fue el pianista fiel que acompañó a Canaro durante décadas, dejando su capacidad compositiva al servicio de la orquesta de Pirincho. Los tres firmaron juntos varios tangos — Federación, Malandrín y A mí no me den consejos, de 1930.

Juan Andrés Caruso: el poeta de la barra de San Cristóbal

Juan Andrés Caruso nació en La Plata el 20 de septiembre de 1890. Quedó huérfano siendo niño y se trasladó a Buenos Aires, donde se arregló con trabajos diversos. Un amigo circunstancial lo llevó al teatro, donde consiguió trabajo de claque — gente contratada para aplaudir a los artistas. En ese rol, ese amigo sustrajo objetos del camarín de la actriz Lola Membrives. Con el susto en el cuerpo, huyeron a Bahía Blanca, viajando escondidos. El amigo desapareció al llegar. Caruso, exhausto y hambriento, encontró trabajo en una imprenta donde se imprimía el periódico local. El director vio en él condiciones para escribir y lo hizo periodista.

El actor Enrique Muiño pasó por Bahía Blanca con su compañía y lo alentó a escribir obras teatrales. Con esa recomendación regresó a Buenos Aires y entró como redactor al diario La Montaña. Se instaló en el barrio de San Cristóbal, en la calle Pasco y Constitución — justo al lado de los Canaro. Ahí comenzó su amistad con Francisco, y por intermedio de él con toda la barra: los hermanos Greco, Samuel Castriota, Agustín Bardi, Prudencio Aragón el Yoni, el Tano Genaro y el Tuerto Camarano.

Escribió 32 piezas teatrales y unos 85 temas musicales. Con Canaro compuso decenas de tangos — Cara sucia, Nobleza de arrabal, La última copa, Sentimiento gaucho y muchos más. También trabajó con Roberto Firpo (Alma de bohemio), Agustín Bardi (No me escribas) e Ignacio Corsini, que le llevó al disco más de 30 canciones. Fue presentado a Gardel por el propio Canaro y el Zorzal lo convirtió en uno de sus autores predilectos.

Víctima de una enfermedad incurable, falleció el 1° de marzo de 1931 en el Hospital Fernández, en presencia de Enrique Muiño, Alberto Vaccarezza y otros amigos. Sus últimas palabras a su esposa, la actriz Elvira Quiroga, fueron: Bueno… ¿listo ya?

Luis Riccardi: el pianista del cine mudo

Luis Riccardi nació el 6 de junio de 1895 en el barrio de Congreso. Estudió música en el Conservatorio Fracassi y comenzó su carrera tocando el piano durante la exhibición de películas en la época del cine sin sonido — un trabajo que requería musicalizar en tiempo real todo lo que pasaba en la pantalla. Luego acompañó los entreactos de la compañía teatral de Angelina Pagano.

En 1915 se presentó en el café El Caburé con Ricardo Luis Brignolo y Rafael Tuegols. Su relación con Francisco Canaro se fue estrechando hasta convertirse en el pianista y arreglista de confianza de la orquesta de Pirincho. Riccardi reconoció que tuvo que adaptarse al estilo rítmico de Canaro, que a veces exigía sacrificar la música en beneficio del ritmo bailable.

Se conoció con Carlos Gardel en 1914 y mantuvieron amistad desde entonces. Gardel grabó tres tangos suyos: Pájaros de fuego, Piccolo navio y Páginas de amor — este último apenas ganó el concurso de Max Glucksmann de 1926, para cantarlo en el acto de reparto de premios. Registró desde 1917 unos veinte tangos de su autoría. Falleció el 4 de junio de 1983 en Buenos Aires.

Francisco Canaro: Pirincho

Francisco Canarozzo — Canaro — nació en San José de Mayo, Uruguay, el 26 de noviembre de 1888. Fue violinista, director de orquesta, compositor y uno de los grandes empresarios del tango. Dirigió la orquesta que inauguró el cabaré Tabarís en 1923. Con Caruso formó la dupla autoral más prolífica de su carrera: juntos escribieron decenas de tangos que pueblan el cancionero rioplatense. Fue uno de los fundadores de SADAIC para garantizar los derechos autorales. Falleció el 14 de diciembre de 1964.

Ficha técnica

  • Título: A mí no me den consejos
  • Género: Tango
  • Música: Francisco Canaro / Luis Riccardi
  • Letra: Juan Andrés Caruso
  • Año: 1930

Análisis literario

El título es el programa del tango: la declaración de independencia del que ha elegido su camino y no quiere que nadie lo disuada. A mí no me den consejos es la voz del hombre que vive como quiere — a contramano de las convenciones — y que sabe que los que lo aconsejan no viven mejor que él.

Es un tango de actitud antes que de historia. Caruso era, según el investigador Jorge Larroca, un vanguardista del tango pintoresquista — el tango que describiendo los aspectos sutiles de la idiosincrasia del porteño retrata su espíritu burlón. Esa filosofía se aplica perfectamente a este título: la rebeldía del arrabal porteño expresada con gracia y sin patetismo.

El hombre del tango no es un desesperado sino un filósofo de esquina que ha encontrado su propio código de vida y lo defiende con humor. Esa figura — el porteño orgulloso de su manera de ser, que rechaza el consejo ajeno con una sonrisa — es uno de los personajes más genuinos del cancionero popular de los años treinta.


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A mis manos | Historia de la milonga porteña

✔ Información actualizada en 2026

A mis manos es una milonga con música de Alfredo Gobbi y letra de Julio Camilloni. Una pieza del cancionero rioplatense que celebra las manos — símbolo del trabajo, del esfuerzo y de la identidad del hombre del arrabal porteño.

📜 Historia de A mis manos

Las manos son en el tango y la milonga un símbolo cargado de significado. Son las manos del trabajador, del inmigrante que llegó con lo puesto y construyó su vida con esfuerzo. Son también las manos del músico, del bailarín, del hombre del arrabal que encontró en el tango una forma de expresar lo que las palabras solas no alcanzaban a decir.

A mis manos pertenece a esa tradición del cancionero rioplatense que pone el foco no en el amor romántico sino en la identidad y el orgullo del hombre popular — una corriente tan rica y tan genuina como la del tango sentimental.

🎻 Alfredo Gobbi, compositor y violinista

Alfredo Gobbi (1912–1965) fue uno de los grandes violinistas y directores de orquesta de la historia del tango. Hijo del también músico Alfredo Gobbi padre, creció en un ambiente tanguero y desarrolló un estilo propio de gran refinamiento melódico.

Su orquesta tuvo una sonoridad característica — elegante y precisa — que lo distinguió dentro del panorama del tango de la época de oro. Gobbi fue además un compositor prolífico que dejó un repertorio amplio y de gran calidad dentro del cancionero rioplatense.

✍️ Julio Camilloni, letrista del arrabal

Julio Camilloni fue uno de los letristas que contribuyeron a enriquecer el repertorio del tango y la milonga en la época de oro del género. Su letra para A mis manos construye una imagen poderosa y directa — la de un hombre que se reconoce y se define a través de sus manos y de lo que ellas representan.

💃 La milonga en el cancionero rioplatense

La milonga es uno de los géneros fundacionales del cancionero rioplatense. Anterior al tango en su forma más conocida, la milonga aportó al género su ritmo vital y su picardía. Mientras el tango tendió hacia la melancolía y el drama, la milonga conservó siempre un carácter más alegre, más directo y más cercano al habla cotidiana del arrabal.

En la milonga el lunfardo fluye con más naturalidad que en el tango — es un género que habla el idioma de la calle sin disimulos ni ornamentos. Por eso la milonga fue siempre el género más auténticamente popular del cancionero rioplatense.

❓ Preguntas frecuentes

¿Quiénes son los autores de A mis manos?

La música es de Alfredo Gobbi y la letra es de Julio Camilloni.

¿Quién fue Alfredo Gobbi?

Alfredo Gobbi (1912–1965) fue un destacado violinista, compositor y director de orquesta del tango argentino. Su orquesta se distinguió por una sonoridad elegante y refinada dentro del panorama del tango de la época de oro.

¿Cuál es la diferencia entre el tango y la milonga?

La milonga tiene un ritmo más rápido y alegre que el tango, y un carácter más directo y cercano al habla popular. El tango tiende a la melancolía y el drama; la milonga es más vital y picaresca. Ambos géneros son pilares del cancionero rioplatense.

¿Dónde puedo escuchar milongas en vivo en Buenos Aires?

En las milongas y tanguerías de Buenos Aires, donde las tandas de milonga se intercalan con las de tango a lo largo de la noche. Los barrios de San Telmo, Almagro y Boedo concentran los principales espacios del circuito tanguero porteño.

📌 Fuente

Información elaborada en base a fuentes históricas sobre Alfredo Gobbi, Julio Camilloni y el cancionero rioplatense.

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A mi madre (Con los amigos) | Historia de la canción de Gardel, Razzano y Almafuerte

Hay canciones que llevan décadas atadas a un nombre equivocado. A mi madre (Con los amigos), grabada por el Dúo Gardel-Razzano en 1918 y luego en solitario por Gardel, fue atribuida durante generaciones al gran poeta Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte. Los investigadores más serios del tango han cuestionado esa atribución — el propio Almafuerte habría negado la autoría en su casa de La Plata. Pero la canción sí llegó a sus manos y sí lo emocionó, porque era amigo del payador José Betinotti y por su intermedio conoció al Dúo Gardel-Razzano.

La historia de la autoría verdadera, la figura de Almafuerte y la música de Gardel y Razzano se entrelazan en una de las piezas más sentidas del primer repertorio del Zorzal.

La historia de la autoría: el poema de Sebastián Robles

La atribución a Almafuerte nació de la revista El Alma que Canta, una publicación popular de la época que recopilaba letras de canciones con el nombre de sus autores. Allí apareció la letra de A mi madre atribuida a Almafuerte, y ese dato quedó grabado en la historia del tango durante décadas.

Sin embargo, el poeta Eduardo Moreno siempre sostuvo que la letra era ajena — que el propio Palacios le había negado la autoría en conversación con el periodista Juan José de Soiza Reilly. Investigaciones posteriores identificaron el poema original: pertenece a Últimos ayes de un bardo, publicado por Sebastián Alfredo Robles en 1896. Quien revise la obra de Almafuerte comprobará que los versos no figuran entre sus escritos y que el estilo no se corresponde con su manera de expresar ideas y sentimientos.

Lo que sí es cierto es que Almafuerte conoció a Gardel y Razzano en sus inicios, a través de su gran amigo el payador José Betinotti, poco antes de que Betinotti falleciera en 1915. Y que fue muy amigo del pueblo que Gardel cantaba.

Almafuerte: el poeta de los desposeídos

Pedro Bonifacio Palacios nació el 13 de mayo de 1854 en San Justo, Buenos Aires. Eligió el seudónimo Almafuerte — alma fuerte — para firmar su obra poética. Fue maestro rural y periodista. Vivió en la pobreza absoluta por elección: daba sus sueldos y hasta su ropa y sus cobijas a los pobres. Su biógrafo Manuel Gálvez documentó que una noche de invierno, cuando era maestro en una escuela de provincia, tuvo que envolverse para dormir con la bandera argentina de la escuelita porque había regalado todo lo que tenía. Así lo encontraron a la mañana siguiente, aterido de frío.

Solo publicó dos libros en vida: Lamentaciones (1906) y Almafuerte y la guerra del 14. Su obra más recordada es el poema ¡Piu avanti! — Más adelante — que el cantante Ricardo Iorio llevaría al rock argentino décadas más tarde. Rubén Darío lo admiró profundamente. Alfredo Palacios dijo de él: a Almafuerte no se lo lee, se lo oye. Falleció el 28 de febrero de 1917.

Almafuerte fue muy amigo de José Betinotti, el payador popular al que Homero Manzi le dedicaría más tarde la milonga que lleva su nombre. Por intermedio de Betinotti conoció al Dúo Gardel-Razzano en sus comienzos.

El Dúo Gardel-Razzano y la canción

La canción fue grabada en 1918 por el Dúo Gardel-Razzano — en ese período el dúo figuraba como autor de la música de prácticamente todas las canciones que grababa, práctica habitual antes de que existieran instituciones de registro de obras. En 1933 Gardel la grabó nuevamente en solitario.

La letra es una confesión de culpa filial — uno de los temas más transitados del cancionero popular de la época. El narrador recuerda que cuando tenía dinero y amigos lo rodeaban, su madre quedaba olvidada. Y que cuando la riqueza desapareció, los amigos también, y solo su madre siguió ahí. Es el tema del hijo pródigo en versión tanguera: la madre como único amor incondicional en un mundo de afectos interesados.

Ficha técnica

  • Título: A mi madre (Con los amigos)
  • Género: Canción
  • Música: Carlos Gardel / José Razzano
  • Letra: Atribuida a Almafuerte (Pedro Bonifacio Palacios) — autoría real: posiblemente Sebastián Alfredo Robles (1896)
  • Primera grabación: Dúo Gardel-Razzano (1918)
  • Segunda grabación: Carlos Gardel solo (25/10/1933)

Grabaciones destacadas

  • Dúo Gardel-Razzano (1918) — primera versión
  • Carlos Gardel solo (25/10/1933)
  • Edmundo Rivero — versión de referencia posterior
  • Ricardo Tanturi con Alberto Castillo

Análisis literario

La letra de A mi madre trabaja sobre la culpa retrospectiva — el hombre que mira atrás y ve el daño que hizo. Los amigos que el oro producía desaparecieron cuando el dinero se fue. La madre, en cambio, estaba siempre. Esa contraposición entre el afecto interesado de los amigos y el amor incondicional de la madre es tan simple que se vuelve universal.

El estribillo ¡Pobre madre! Yo de ella me olvidaba / cuando en brazos del vicio me dormí tiene la directness de la poesía popular de la época — sin metáforas complejas, sin imágenes elaboradas, solo la declaración desnuda de la culpa. Esa sencillez es la que la hizo perdurar: cualquiera puede reconocerse en esa confesión.

Es una de las piezas más tempranas del repertorio de Gardel que habla del amor materno — un tema que el Zorzal cultivó toda su vida con Mi madre querida, Viejecita mía y otros. Su madre Berta era el centro afectivo de su vida y ese vínculo se trasluce en la manera en que Gardel interpretaba estas canciones.


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A mi madre | Historia del tango porteño

✔ Información actualizada en 2026

A mi madre es un tango con música de Carlos Gardel y José Razzano y letra de Andrés Cepeda. Un homenaje a la figura materna — la más venerada del cancionero rioplatense — de la mano del cantor más grande de la historia del tango.

📜 Historia de A mi madre

La dupla Gardel-Razzano fue una de las más prolíficas y exitosas de la historia del tango. Carlos Gardel y José Razzano trabajaron juntos durante más de una década componiendo y grabando canciones que marcaron una época. Su colaboración musical fue tan intensa como su amistad personal.

La letra de Andrés Cepeda pone en palabras lo que el cancionero rioplatense siempre supo: que la madre ocupa un lugar único e irremplazable en el corazón del hombre del arrabal. No es solo un familiar — es el primer amor, el más puro, el que nunca traiciona.

🎤 Carlos Gardel y José Razzano

Carlos Gardel (1890–1935) es la figura más grande de la historia del tango. Su voz, su estilo y su presencia escénica lo convirtieron en el símbolo universal del género. Nacido en Francia y criado en Buenos Aires, Gardel encarnó como nadie el espíritu del tango porteño.

José Razzano (1887–1960) fue el compañero artístico de Gardel durante los años de formación del dúo. Cantor y compositor, Razzano aportó a la dupla su conocimiento profundo de la música criolla y del folclore rioplatense. Una afección en la voz lo alejó del canto pero continuó como representante y socio de Gardel hasta el final.

👩‍👦 La madre en el tango porteño

La figura de la madre es la más reverenciada del cancionero rioplatense. Aparece una y otra vez en tangos, milongas y valses como símbolo del amor incondicional, el sacrificio silencioso y la memoria de un tiempo más simple y más feliz.

En el Buenos Aires de los inmigrantes esta figura tenía una dimensión especialmente emotiva. Muchos hombres habían dejado a sus madres al otro lado del océano para construir una vida nueva en Argentina — y el tango fue el lugar donde ese dolor y esa nostalgia encontraron su expresión más profunda.

✍️ Andrés Cepeda, letrista del arrabal

Andrés Cepeda fue uno de los letristas que contribuyeron a construir el repertorio de Gardel y Razzano en los años de oro del dúo. Su letra para A mi madre captura con precisión y sensibilidad el sentimiento de gratitud y amor filial que el tango siempre supo expresar mejor que ningún otro género popular.

❓ Preguntas frecuentes

¿Quiénes compusieron A mi madre?

La música es de Carlos Gardel y José Razzano. La letra es de Andrés Cepeda.

¿Quién fue José Razzano?

José Razzano (1887–1960) fue el compañero artístico de Carlos Gardel durante los primeros años de su carrera. Juntos formaron uno de los dúos más exitosos de la historia del tango. Una afección en la voz lo alejó del canto pero continuó ligado a Gardel como representante y socio.

¿Por qué la madre es tan importante en el tango?

Porque el tango nació en un ambiente de inmigrantes que habían dejado a sus familias en Europa y que encontraron en la música la forma de expresar la nostalgia y el amor por quienes habían quedado atrás. La madre concentra todos esos sentimientos — es el amor más puro y la patria chica más íntima.

¿Dónde puedo escuchar tangos de Gardel en Buenos Aires?

En el Museo Casa Carlos Gardel, en el barrio del Abasto, donde vivió el cantor y que conserva su historia y su legado. También en las tanguerías y milongas de San Telmo, Almagro y Boedo donde su música suena noche a noche.

📌 Fuente

Información elaborada en base a fuentes históricas sobre Carlos Gardel, José Razzano y el tango rioplatense.

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A Medianoche | Historia del tango de Juan Maglio y Enrique Dizeo

Una noche de 1926, en el Café de los Angelitos, Carlos Gardel se reunió con su amigo Enrique Dizeo para conocer el tango nuevo. Dizeo lo había compuesto con música de Juan Maglio Pacho y lo firmaba con su apellido al revés: Ozedi. Gardel lo estuvo repasando un rato, entonando la melodía. En un pasaje del tema dice: Como un gemido doliente / llena de harapos, cabizbaja y mustia / siempre se le ve silente / con todo el peso de su negra angustia. Esa noche el Zorzal decidió grabarlo. A Medianoche se convirtió en uno de los once tangos de Dizeo que Gardel llevó al disco.

Juan Maglio Pacho: el hombre que era sinónimo de disco

Juan Félix Maglio nació en Buenos Aires el 18 de noviembre de 1880. Lo apodaron Pacho desde joven. Fue uno de los músicos más importantes de la Guardia Vieja del tango y el primer bandoneonista en grabar solos. Cerca de los 19 años comenzó a estudiar el fuelle con Domingo Santa Cruz, autor del famoso tango Unión Cívica. Alrededor de 1900 debutó en el café El Vasco de Barracas en un trío de bandoneón, violín y guitarra.

En 1910 actuó por primera vez en el café La Paloma — el mismo local que Cadícamo inmortaliza en A pan y agua como el lugar donde se pasean las sombras de Tito, Arolas y Bardi. Su éxito fue clamoroso y la casa Columbia lo contrató para grabar. Formó la Orquesta Típica Criolla Juan Maglio Pacho — apenas cuatro músicos, pero qué músicos: Pepino Bonano en violín corneta, Carlos Hernani Macchi en flauta, Luciano Ríos en guitarra y Pacho en el bandoneón.

Sus discos alcanzaron niveles de venta extraordinarios. En los comercios de Buenos Aires corría la frase: Déme un Pacho para pedir cualquier disco. Compró el bar Ambos Mundos pero no le fue bien en los negocios y quedó en situación precaria. Viajó a Montevideo en 1915 y debutó en el café Au Bon Marché con tanto éxito que a veces el tránsito quedaba detenido por la aglomeración de público. Regresó a Buenos Aires y actuó en los salones más lujosos de la aristocracia porteña — familias Madero, Juárez Celman, López Buchardo — además de los bailes de carnaval del Excelsior y el Pabellón de las Rosas.

Fue también jugador de fútbol: integró la delantera de San Lorenzo de Almagro y de la Selección Nacional. Fumaba cinco o seis atados de cigarrillos negros diarios. Estuvo actuando en Radio Belgrano hasta poco antes de ser internado en el Hospital Ramos Mejía por una afección pulmonar. Volvió a su casa de Bulnes 948 solo para morir el 14 de julio de 1934.

Cuando Maglio comenzó a publicar sus tangos con letra, Gardel era el primero en cantarlos. De esa cosecha le grabó ¿Qué has hecho de mi cariño?, La chacarera, Copen la banca y A media noche — los dos últimos con letra de Dizeo. Dejó grabadas alrededor de 900 obras.

Enrique Dizeo: el poeta del seudónimo al revés

Enrique Dizeo nació el 26 de julio de 1893 en el barrio de San Cristóbal. Terminó el colegio primario y la calle fue su segunda escuela — aprendió el habla de los barrios, el lunfardo y se internó tempranamente en los recovecos noctámbulos del tango. En su bohemia nochera conoció a Gardel; solían parar en el Café de los Angelitos y el Zorzal le grabó once composiciones.

Firmaba algunas obras con el seudónimo Ozedi — su apellido escrito al revés. Una práctica que usaron también otros poetas del tango para disimular su producción en épocas de exclusividad contractual con cantantes o sellos.

Su obra tiene una vuelta extraordinaria: escribió la letra del vals peruano Que nadie sepa mi sufrir, con música de Ángel Cabral. En 1957 la cantante Édith Piaf escuchó esa canción, la llevó a París y encargó una adaptación al francés a Michel Rivgauche. El resultado fue La foule — uno de los grandes éxitos internacionales de Piaf. Esa canción le proporcionó a Dizeo, además de reconocimiento, el respaldo económico que merecía. Falleció en Buenos Aires el 6 de mayo de 1980.

Entre sus tangos más recordados están Andate con la otra (con Geroni Flores), El encopao (con Osvaldo Pugliese), Con toda la voz que tengo (con Troilo), Mi morocha (con Ricardo Tanturi), Copen la banca y A medianoche (ambos con Maglio Pacho). Llegó a presidir la Sociedad de Autores y Compositores.

Ficha técnica

  • Título: A Medianoche
  • Género: Tango
  • Música: Juan Maglio (Pacho)
  • Letra: Enrique Dizeo (seudónimo: Ozedi)
  • Año: 1926
  • Primera grabación: Carlos Gardel (1926)

Análisis literario

A Medianoche es un tango de la miseria nocturna — la figura de la mujer que recorre las calles de madrugada, cubierta de harapos, cabizbaja, silente, con el peso de su angustia. No hay condena moral explícita sino descripción. Dizeo aprendió de Celedonio Flores esa técnica: mostrar sin juzgar, dejar que la imagen hable sola.

La medianoche del título no es solo la hora — es el estado del alma. La mujer que se mueve en ese horario ya está más allá del mundo diurno de las convenciones. Es una figura de los márgenes, de los bordes del arrabal porteño donde la miseria y el tango convivían sin remedio.

El verso más poderoso de la letra — como un gemido doliente / llena de harapos, cabizbaja y mustia — es el que cautivó a Gardel aquella noche en el Café de los Angelitos. Cuatro palabras — harapos, cabizbaja, mustia, angustia — que pintan un cuadro completo sin necesitar más.


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