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Aquel cantor de mi pueblo | Historia de la canción de Enrique Maciel e Ignacio Corsini

Hay canciones que solo pueden entenderse conociendo la vida de quien las escribió. Aquel cantor de mi pueblo tiene música de Enrique Maciel y letra de Ignacio Corsini — el Caballero Cantor. Lo compuso en 1954, cuando llevaba seis años encerrado en su casa de la calle Otamendi, sin cantar, sin aparecer en público, preso de una melancolía sin fondo desde que murió su mujer Victoria Pacheco en 1948. Era un lamento por la ausencia de ella — aunque la letra lo disfraza de evocación de un cantor anónimo del pueblo.

Corsini nunca pudo cantarlo. Lo grabaron Edmundo Rivero y Alberto Marino.

Ignacio Corsini: el siciliano que cantaba como los pájaros

Andrés Ignacio Corsini nació el 13 de febrero de 1891 en Troina, provincia de Catania, Sicilia. Llegó de niño a Buenos Aires con su madre Socorro Salomone y se instalaron en Almagro. Pronto fue llevado al campo — a una estancia en Carlos Tejedor, partido bonaerense — donde fue boyero y resero, y donde aprendió a cantar escuchando los pájaros. Él mismo lo explicó alguna vez: los pájaros me enseñaron la espontaneidad de su canto, sin testigos, en el gran escenario de la naturaleza. Aprendí a cantar como ellos, naturalmente y sin esfuerzo.

Cuando volvió a Buenos Aires, alrededor de 1907, frecuentó los cafetines y pulperías de la capital cantando con su guitarra. En Almagro escuchó por primera vez al payador José Betinotti — que sería su modelo y su inspiración. Se sumó a las caravanas de varios circos, donde además de cantor actuaba en obras criollas: Juan Moreira, Martín Fierro, Juan Cuello y Santos Vega. En el circo de los Podestá cantó ante el presidente Figueroa Alcorta durante los festejos del Centenario.

Fue durante esos años en el circo cuando conoció a Victoria Pacheco, hija del patrón y trapecista. Tenía 20 años él y 17 ella. Los Pacheco se oponían — eran familia criolla tradicional y él era un inmigrante sin dinero. La solución que encontraron fue quedarse embarazados. En aquella época, ante tal situación, había que casarse. Y se casaron. Fue un amor total que duró toda la vida.

Corsini integró junto a Carlos Gardel y Agustín Magaldi la trinidad del canto popular de los años veinte. Fueron los tres simultáneamente famosos — aunque Gardel trascendiera más después de Medellín. Su estilo era diferente al de Gardel: más criollo, más campero, heredero directamente del payador, con ese dejo nasal del sur de Italia que paradójicamente hacía su canto más porteño. Gardel tenía en su casa de la calle Otamendi, sobre el piano, una foto dedicada que decía: A mi amigo Ignacio Corsini, el gran intérprete de las canciones de mi tierra. Su admirador, Carlos Gardel. Jorge Luis Borges fue también admirador suyo.

Para 1929 sus grabaciones superaban las 380 canciones. Ese año le presentó a su guitarrista Enrique Maciel al poeta e historiador Héctor Pedro Blomberg — y nació el ciclo de los valses federales: La pulpera de Santa Lucía, La mazorquera de Montserrat, Los jazmines de San Ignacio, La canción de Amalia. El éxito fue descomunal.

En mayo de 1949 cantó por última vez. Victoria había muerto en 1948 y Corsini se hundió en una depresión de la que no saldría nunca. Borró los rastros de cualquier manifestación artística. Se encerró en su casa de la calle Otamendi al 600, enfrente del Parque Centenario, y no salió más. Apenas tuvo un par de apariciones fantasmales. Murió el 26 de julio de 1967 en esa misma casa.

Enrique Maciel: el guitarrista moreno del trío inseparable

Enrique Maciel era afrodescendiente argentino. El hijo de Corsini lo recordó así: era muy pulcro, morocho, cabello renegrido en motas, llevado hacia atrás, sus ojos eran enormes. Usaba invariablemente camisas de seda con grandes gemelos y se perfumaba generosamente. Lucía elegante con su smoking. Era quien en el piano de nuestra casa pasaba las partituras para las guitarras.

Formó con Rosendo Pesoa y Armando Pagés el trío de guitarristas de Corsini — considerado por muchos el mejor grupo de guitarras de su época. Corsini fue el único cantor que los tenía bajo contrato anual, trabajaran o no. Maciel compuso la música de La pulpera de Santa Lucía, La mazorquera de Montserrat y todos los valses del ciclo federal. Y cuando Corsini se retiró del canto, puso música a la última letra que escribió el Caballero Cantor: Aquel cantor de mi pueblo.

La historia de la canción: el lamento disfrazado

Victoria Pacheco murió en 1948. Corsini quedó destrozado. En 1954 — seis años después — dio a conocer una sola obra: Aquel cantor de mi pueblo, con música de Enrique Maciel. Era un lamento por la ausencia de su esposa, aunque la letra lo presenta como la evocación de un cantor anónimo del pueblo que ya no está. Corsini nunca pudo cantarla. Eran sus propias palabras, pero su voz se había apagado con la de Victoria. La grabaron Edmundo Rivero y Alberto Marino.

Ficha técnica

  • Título: Aquel cantor de mi pueblo
  • Género: Estilo / Canción criolla
  • Música: Enrique Maciel
  • Letra: Ignacio Corsini
  • Año: 1954
  • Intérpretes: Edmundo Rivero y Alberto Marino (Corsini nunca la grabó)

Análisis literario

Aquel cantor de mi pueblo habla de un cantor que se fue — y en ese hablar de otro se habla de uno mismo. Es el recurso literario de la tercera persona para decir lo que la primera persona no puede sostener. Corsini no podía cantar en primera persona su propio duelo. Lo puso en la figura de un cantor anónimo del pueblo, cuya voz ya no se escucha, cuya presencia se recuerda desde la nostalgia.

El estilo criollo como género favorece este tipo de evocación — más pausado que el tango, más cercano a la décima y al canto payadoresco, permite una melancolía contemplativa que no desgarra sino que envuelve. Corsini sabía mejor que nadie cómo funcionaba ese género: había pasado su vida cantándolo. Y en su última obra lo usó para despedirse sin decir que se despedía.


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Apure delantero buey | Historia de la canción criolla de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera

En agosto de 1934, Carlos Gardel le escribía a su apoderado Armando Defino desde Nueva York: Me proponen hacerme cantar en un próximo film de George Raft. Comprendo que es una desgracia no saber inglés, pero hay que resignarse. Sin embargo, la Paramount encontró la manera de incluirlo en su gran producción coral de ese año — The Big Broadcast of 1936 — haciéndolo cantar como gaucho: en español, en francés y en inglés. La canción criolla del sketch se llamó Apure delantero buey, con letra de Alfredo Le Pera y música del propio Gardel.

Gardel filmó su escena los días 29 y 31 de diciembre de 1934 en los estudios Astoria de Long Island, Nueva York — la misma playa donde filmaba todas sus películas. Aparece vestido de gaucho, con Celia Villa como su china, junto a Carlos Spaventa y Manuel Peluffo como extras. La grabó de prueba el 24 de agosto de 1934, con orquesta dirigida por Terig Tucci.

El homenaje encubierto a Arturo de Nava

Apure delantero buey no nació de la nada. Gardel tenía desde hace años un número favorito en sus presentaciones europeas: El carretero, canción campera del payador argentino Arturo de Nava que el Zorzal interpretaba con silbidos imitando el arreo de los bueyes — un truco que enloquecía al público de París.

Cuando llegó el momento de filmar su sketch gaucho para la Paramount, Gardel quiso llevar El carretero a la película. Inició negociaciones con la viuda de Arturo de Nava — el payador había muerto el 22 de octubre de 1932 — para obtener los derechos. Las negociaciones no prosperaron. Entonces Gardel, con Le Pera como letrista, compuso una nueva canción criolla que sin ser un plagio tenía grandes semejanzas con la de Nava: Apure delantero buey. En su carta del 2 de enero de 1935 a Defino, Gardel explicaba el cambio y mencionaba expresamente que la canción reemplazaba a El carretero para evitar conflictos.

La película perdida: Cazadores de estrellas

The Big Broadcast of 1936 era una película coral de la Paramount con Bing Crosby, Ethel Merman, George Burns, Gracie Allen, Ray Noble y su orquesta — con Glenn Miller como integrante —, Jack Oakie y los Niños Cantores de Viena. El argumento era un pretexto para reunir estrellas: había que salvar una estación de radio ganando un concurso de transmisión con ayuda de Radio Eye, un invento que mostraba eventos en vivo desde cualquier parte del mundo.

Gardel fue el único artista cuya participación no se filmó en Hollywood. Lo filmaron en Long Island, Nueva York, los días 29 y 31 de diciembre de 1934. La muerte del Zorzal en Medellín el 24 de junio de 1935 encontró la película en post-producción. Los directivos de la Paramount, creyendo que Gardel caería en el olvido sin él para promoverla, decidieron eliminar su participación de la versión destinada al mercado angloparlante. La película se estrenó en Estados Unidos el 20 de septiembre de 1935 — tres meses después de su muerte — sin Gardel. Pero en Argentina y Uruguay, donde la película se llamó Cazadores de estrellas, se exhibió completa el 30 de abril y el 19 de junio de 1936 respectivamente.

La versión con Gardel de Cazadores de estrellas es hoy una película prácticamente perdida. Quienes la vieron — entre ellos Eduardo Visconti y Vicente Thomas — describieron la actuación del Zorzal como espléndida. La parte destinada al mercado angloparlante, sin Gardel, existe pero nunca fue editada oficialmente en VHS ni en DVD.

Gardel, el gaucho y el inglés

La preocupación de Gardel por el idioma inglés es uno de los temas constantes de sus cartas de esa época. Yo siempre presento lo que gusta al público, decía. Había contratado como instructor personal a su secretario Josep Plaja para intercalar clases de inglés en los ratos libres. Su participación en The Big Broadcast era precisamente el primer paso para penetrar el mercado angloparlante — para eso Le Pera preparó el sketch en tres idiomas: español, francés e inglés.

El esquema era el siguiente: un gaucho argentino — Gardel — llega a una granja de algún lugar del mundo y canta su canción campera para la china que lo recibe. Primero en español, luego en francés para el mercado franco, luego en inglés para el angloparlante. Fue el único tango — junto a Amargura — que Gardel grabó en tres idiomas.

El joven Piazzolla en los ensayos

Entre los músicos que integraron la orquesta de Terig Tucci en las sesiones de grabación de esas últimas películas de Gardel en Nueva York estaba un adolescente de trece años: Astor Piazzolla, que actuaba como bandoneonista en algunos ensayos. El propio Piazzolla lo recordó en múltiples entrevistas como uno de los momentos más decisivos de su vida musical — haber respirado el mismo aire que Gardel en los estudios de grabación de Long Island.

Ficha técnica

  • Título: Apure delantero buey
  • Género: Canción criolla (estilo gaucho)
  • Música: Carlos Gardel
  • Letra: Alfredo Le Pera
  • Año: 1934
  • Película: The Big Broadcast of 1936 / Cazadores de estrellas (Paramount, 1935-1936)
  • Grabación de prueba: 24 de agosto de 1934, con orquesta dirigida por Terig Tucci
  • Filmación del sketch: 29 y 31 de diciembre de 1934, estudios Astoria, Long Island, Nueva York

Análisis literario

Apure delantero buey es una canción criolla de arreo — el género más antiguo del canto gaucho argentino. La voz del tropero que apura a sus bueyes, que canta mientras camina, que lleva en el silbido y en el grito la cadencia del campo. Le Pera capturó ese tono con precisión para un público que no necesariamente conocía la pampa argentina — había que hacérsela sentir en menos de tres minutos, en tres idiomas, frente a una cámara de Hollywood.

La canción es también el testimonio de la parte del repertorio de Gardel que suele quedar en la sombra detrás de los tangos de Le Pera. El Zorzal había construido su carrera en la canción criolla — era eso lo que cantaba en 1903 en la confitería del Bajo Belgrano, eso lo que cantaba en los circos criollos, eso lo que hizo en París con El carretero que enloquecía al público europeo. Apure delantero buey es el último eco de ese Gardel campero que nunca olvidó sus raíces.


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Antiguo reloj de cobre | Historia del tango de Eduardo Marvezzi

En la década de 1950, por las calles de Villa Puerredón caminaba sin apuro un hombre que a la mañana era tornero en la fábrica Grafa y cuando oscurecía se transformaba en cantor de tangos. Se llamaba Eduardo Marvezzi. Bastante robusto, con el jopo alto y los bigotitos finos de galán de la época, cantaba en cantinas y boliches de barrio acompañado por dos guitarristas. Soñaba con el día en que pudiera largar la Grafa.

Una noche, entonado por un par de ginebras, anunció que había compuesto un tango. La letra era de un profesor de química amigo suyo. La música era propia. La silbó a un bandoneonista conocido, que la pasó al pentagrama y dijo que se la iba a llevar a Pugliese. Antiguo reloj de cobre llegó a la orquesta de Osvaldo Pugliese, fue grabado por el Negro Miguel Montero el 2 de septiembre de 1955, y vendió más de treinta y cinco mil discos.

El tango del tornero y el profesor de química

La historia de Antiguo reloj de cobre es la historia del tango de barrio — el que se compone en los márgenes del mundo profesional, entre el trabajo y la noche, con los recursos que se tienen a mano. Marvezzi no era compositor de oficio ni tenía contactos en el ambiente. Era un aficionado con talento que silbaba melodías y las confiaba a quienes sabían escribirlas. El profesor de química que le puso letra tampoco era un letrista profesional. Eran dos hombres de barrio que hicieron juntos algo que duró más que ellos.

El camino hasta Pugliese fue el del tango verdadero: de mano en mano, de músico en músico, hasta llegar al maestro. Y el maestro lo vio. La orquesta de Parque Crespo tenía esa capacidad de encontrar en materiales sencillos algo que las orquestas más snobs hubieran pasado por alto.

Miguel Montero: el Negro del barrio de San Cristóbal

Miguel Ángel Montero — el Negro Montero — nació en el barrio de San Cristóbal. Era un cantor de voz cálida y estilo directo, sin adornos innecesarios, que Pugliese incorporó a su orquesta en un período de gran productividad. Con Pugliese realizó dieciséis grabaciones y cuatro más en dúo con Jorge Maciel. Antiguo reloj de cobre fue su creación exclusiva — el tema que lo identificó para siempre, así como Gardel tuvo *Mi Buenos Aires querido*, Magaldi tuvo *El penado catorce* y Goyeneche tuvo *Naranjo en flor*. Todo cantor que se precie tiene su tema emblemático: el de Montero fue este reloj de cobre que vendió treinta y cinco mil placas para el sello Odeón.

En 1959 Montero se separó de Pugliese e inició su trayectoria como solista. Debutó en Radio Splendid con su propia orquesta dirigida por José Libertella.

Osvaldo Pugliese: el maestro de Parque Crespo

Osvaldo Pugliese nació en Villa del Parque en 1905 y formó su orquesta en 1939. Su sonido era único — profundo, complejo, deliberadamente lento en los comienzos y luego explosivo, una combinación que creó un estilo inconfundible. Su orquesta fue también un lugar de descubrimiento: recibía materiales de compositores desconocidos y los convertía en clásicos. Antiguo reloj de cobre es uno de los ejemplos más claros de ese proceso.

Pugliese fue militante comunista y sufrió persecución política durante los gobiernos de Perón y las dictaduras posteriores. Cuando lo encarcelaban, la orquesta seguía tocando con un clavel rojo sobre el piano. Murió en 1995 a los 89 años, todavía activo.

Ficha técnica

  • Título: Antiguo reloj de cobre
  • Género: Tango
  • Música y letra: Eduardo Marvezzi
  • Año: 1955
  • Primera grabación: Osvaldo Pugliese con Miguel Montero (02/09/1955, sello Odeón)
  • Ventas: más de 35.000 discos

Grabaciones destacadas

  • Osvaldo Pugliese con Miguel Montero (02/09/1955) — primera grabación y versión de referencia
  • Eduardo Marvezzi — versión del propio autor
  • Rubén Benegas — versión posterior recordada

Análisis literario

Antiguo reloj de cobre es un tango de la memoria y la herencia — el objeto que el padre llevaba en su cadena como un puente levadizo delante del corazón, que la madre le prestaba al hijo chico para calmarlo cuando lloraba, que el tiempo convirtió en reliquia. Y que al final termina en el banco prestamista, empeñado por cuatro pesos sucios — la venganza del mundo taimado y traidor.

La trayectoria del reloj es la trayectoria del narrador: del calor del hogar paterno a la dureza de la vida adulta. El reloj que fue orgullo del viejo, juguete de infancia y reliquia, termina siendo moneda de cambio para sobrevivir. Esa degradación del objeto sagrado — la reliquia que se empeña por cuatro pesos — concentra en una imagen toda la filosofía del tango sobre el paso del tiempo y la crueldad de la vida.

El estribillo tiene la forma del monólogo de disculpa que el tango usa tan bien: Perdóname, viejo, si de vos me olvido / sé que lo has querido tanto como yo / sé que desde el cielo me estás campaneando / y que estás llorando como lloro yo. El padre muerto que vigila desde el cielo — campaneando, en lunfardo — al hijo que llora con la misma emoción. Marvezzi encontró en ese momento la humanidad simple y directa que hace a un tango perdurar.


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Anoche a las dos | Historia del tango de Raúl de los Hoyos y Roberto Lino Cayol

El 1° de junio de 1926, el Teatro Maipo de Buenos Aires estrenó la revista En el Maipo no hace frío, de Roberto Lino Cayol y Humberto Cairo. En esa misma noche se estrenaron dos tangos de Raúl de los Hoyos: el actor y tenor valenciano Vicente Climent cantó Anoche a las dos con letra del propio Cayol, y la joven Tita Merello — que tenía veinte años — cantó Del barrio de las latas con letra de Emilio Fresedo, en una creación que quedó integrada definitivamente a su repertorio. Roberto Firpo lo grabó el 8 de noviembre de ese año para el sello Odeón — una de las primeras grabaciones eléctricas de ese sello en Argentina.

Raúl de los Hoyos: el hijo de la música de Saladillo

Raúl Joaquín de los Hoyos nació el 21 de agosto de 1898 en Saladillo, provincia de Buenos Aires — el mismo pueblo donde también nació el pianista Luis Riccardi. Lo llamaban el hijo de la música. Su primera composición fue ¡Sonsa!, en 1924, para la revista ¿Quién dijo miedo? de Roberto Lino Cayol, que se estrenó en el Teatro Maipo en octubre de ese año. Tenía veintiséis años.

Al año siguiente, 1925, puso música a la letra que Cayol escribió para Viejo rincón — un tango que Gardel grabaría ese mismo año con sus guitarristas Ricardo y Barbieri, y volvería a grabar en 1930 con la orquesta de Francisco Canaro. En 1926 llegó Anoche a las dos, también con Cayol. En ese año también Carlos Gardel incorporó Noches de Colón a su repertorio europeo, cambiándole el título a Mis noches del Royal para su presentación en el Teatro Royal de Madrid.

De los Hoyos cultivó amistad con Carlos Gardel y José Razzano, quienes estuvieron a su lado hasta el último momento del adiós al Zorzal. Era tal la difusión de su obra que en la época corría el dicho: todo el mundo canta o silba un tango de Raúl de los Hoyos. Además de ejecutante musical, hizo de cantor en diversas radioemisoras alrededor de 1927-28 y también de locutor. Falleció el 18 de julio de 1989.

Roberto Lino Cayol: el comediógrafo de los tangos

Roberto Lino Cayol nació en 1887 y murió en 1927 — apenas cuarenta años de vida en los que produjo 48 obras entre comedias, dramas, revistas y sainetes, además de varias letras de tango. Fue el primero en darle una oportunidad a Raúl de los Hoyos en el exigente Maipo, convocándolo para musicalizar sus revistas desde 1924.

Era una persona seria, encorbatada, de gruesos lentes, que quienes lo conocieron describían como estudioso, de indiscutible probidad literaria y honradez de pensamiento. Su sainete El debut de la piba (estrenado en 1916) fue publicado por Editorial Eudeba en 1966. Con De los Hoyos firmó seis tangos: La pampa se ha embrujado, Brisa campera, Viejo rincón, Anoche a las dos, Noches de Colón y Abajo los hombres. Tres de esos tangos entraron en el repertorio de Gardel. Fue también impulsor del teatro de revista como género.

La noche del Maipo: Vicente Climent y Tita Merello

La noche del 1° de junio de 1926 concentró dos estrenos de De los Hoyos en el mismo escenario. El actor y tenor valenciano Vicente Climent cantó Anoche a las dos — el mismo Climent que había estrenado Viejo rincón en el Maipo el año anterior. Y Tita Merello, que tenía veinte años y ya era una figura reconocida del Maipo, cantó Del barrio de las latas con letra de Emilio Fresedo. Esa creación quedó integrada definitivamente a su repertorio.

El mismo tango fue interpretado nuevamente el 13 de julio de 1926 por Climent en el espectáculo ¡Viva la Revista! del propio Cayol, cantado en el Teatro Maipo.

Pilar Arcos: la soprano cubana que lo llevó a Estados Unidos

La difusión internacional de Anoche a las dos llegó de la mano de Pilar Arcos — soprano cubano-española nacida en La Habana en 1893 — que lo grabó el 6 de junio de 1927 para el sello norteamericano Brunswick acompañada por Los Floridians. Pilar Arcos incorporó cuatro tangos de De los Hoyos a su repertorio: ¡Sonsa!, Anoche a las dos, Viejo rincón y Purrete de mi amor. Fue una de las figuras más prolíficas de la canción hispana en Estados Unidos, con más de 260 grabaciones para sellos como Columbia, Víctor, Brunswick, Paramount y Okeh.

Ficha técnica

  • Título: Anoche a las dos
  • Género: Tango
  • Música: Raúl de los Hoyos
  • Letra: Roberto Lino Cayol
  • Año: 1926
  • Estreno: Teatro Maipo, 1° de junio de 1926 — Vicente Climent en la revista En el Maipo no hace frío
  • Primera grabación: Roberto Firpo y su orquesta (08/11/1926, sello Odeón)

Grabaciones destacadas

  • Roberto Firpo y su orquesta (08/11/1926) — primera grabación discográfica
  • Francisco Canaro (instrumental) — segunda grabación eléctrica
  • Pilar Arcos con Los Floridians (06/06/1927, sello Brunswick, EE.UU.)
  • Osvaldo Fresedo — versión de época
  • Héctor Varela con Armando Laborde (15/11/1951, sello Pampa)
  • Ricardo Tanturi — versión orquestal
  • José Basso — versión orquestal

Análisis literario

Anoche a las dos es un tango de la madrugada — la hora en que el tango vive más naturalmente. La letra de Cayol sitúa la acción en ese momento preciso entre la noche y el amanecer cuando las confusiones del corazón se vuelven más nítidas y más dolorosas.

Cayol era un observador del mundo popular porteño formado en el sainete y el teatro de revista. Su manejo del habla cotidiana, de la situación reconocible, de la imagen concreta — la misma virtud que hacía funcionar sus obras teatrales — aparece también en sus letras de tango. No buscaba la metáfora elaborada sino la frase que cualquiera pudiera reconocer como propia.

La madrugada como hora del tango tiene una larga tradición en el género — desde A Medianoche de Maglio y Dizeo hasta La última curda de Troilo y Castillo. Anoche a las dos es uno de los primeros jalones de esa tradición: la hora en que el mundo se aquieta y el alma habla sin pudor.


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Anoche | Historia del tango de Armando Pontier y Cátulo Castillo

Hay tangos que son autobiográficos pero con los personajes al revés. Anoche es uno de ellos. Lo compuso Cátulo Castillo en 1952 con música de Armando Pontier. Cátulo era un cuarentón que había seducido a una mujer casada — la rubia Nadia, fascinante, que atraía todas las miradas — y escribió el tango desde el punto de vista del marido traicionado: el hombre que la ve pasar del brazo de otro, parado en el cordón de la vereda, deshilachado y con la razón nublada.

Lo grabó por primera vez la orquesta de Luis Caruso con Walter Escobar en 1949. La versión que lo consagró fue la de la orquesta Francini-Pontier con Pablo Moreno, el 17 de junio de 1952 — la misma orquesta del compositor de la música.

La historia: el tango autobiográfico al revés

Cátulo Castillo contó la historia él mismo. En una visita a Bahía Blanca, durante un almuerzo en una casa particular, le contó al periodista que después escribiría sobre el tema cómo había conocido a Nadia en un agasajo. Era una mujer rubia, fascinante, de clase y charme evidentes. La conversación inicial derivó en regalos, invitaciones, alhajas, tapados de visón y versos de amor. La relación clandestina que siguió duró un tiempo en que su marido intuía pero no se animaba a profundizar.

Cátulo era el amante. Pero cuando escribió Anoche, eligió la perspectiva del marido — el hombre que la ve pasar en su coche con otro querer, que está parado en el cordón de la vereda desesperado, nublada la razón, deshilachado. Tomó la situación vivida, la invirtió, y la convirtió en tango. No es la primera vez que un poeta se pone del lado opuesto al que ocupaba en la realidad para encontrar la verdad emocional más profunda — pero en el tango es una rareza que vale la pena señalar.

Armando Pontier: el Puntorero de Miguel Caló

Armando Pontier nació en Campana, provincia de Buenos Aires, el 22 de febrero de 1918. Lo apodaban el Puntorero. Estudió bandoneón en su ciudad natal y llegó a Buenos Aires con el maestro Ehlert, con quien estudió solfeo, armonía y composición. Su incorporación a la Orquesta de las Estrellas de Miguel Caló — junto a Maderna, Federico, Francini, Lázzari, Rovira y otros que harían historia — fue decisiva para su formación.

Con su gran amigo Enrique Francini formó la Orquesta Francini-Pontier, que debutó el 1 de septiembre de 1945 con un éxito rotundo. Sus vocalistas de primera línea incluyeron a Raúl Berón, Roberto Rufino, Alberto Podestá y el descubrimiento de Pontier: Julio Sosa. La sociedad Francini-Pontier duró diez años, y cuando se disolvió cada uno siguió su propio camino aunque volvieron a unirse circunstancialmente para giras a Japón.

Como compositor, Pontier fue uno de los más fecundos y exigentes de su generación. Con Homero Expósito hizo Trenzas, Margo, Pa'qué, Bien criolla y bien porteña. Con José María Contursi, Tabaco. Con Carlos Bahr, Cada día te extraño más. Con Cátulo Castillo, Anoche. Con Federico Silva, una larga lista de obras para Roberto Goyeneche. Su tango Qué falta que me hacés tiene cerca de 300 grabaciones. Troilo lo admiraba tanto que Pontier le dedicó su tango Pichuco. El 25 de diciembre de 1983, Pontier era todavía un hombre joven con proyectos, pero bajo una fuerte depresión y problemas íntimos, resolvió poner fin a su vida.

Cátulo Castillo: la nostalgia y el pesimismo

Ovidio Cátulo González Castillo nació el 6 de agosto de 1906 en Buenos Aires. Su padre fue el anarquista José González Castillo. A los 17 años compuso Organito de la tarde. Practicó boxeo hasta ser campeón argentino de peso pluma y preseleccionado para las Olimpíadas de Amsterdam de 1928. Viajó a Europa en 1926 y en 1928 se reencontró en París con Gardel, que le grabó varios tangos. Fue director del Conservatorio Municipal Manuel de Falla. Era militante del Partido Comunista.

En los años cuarenta y cincuenta llegó el apogeo de su poesía. Sus grandes socios fueron Sebastián Piana — Tinta roja, Caserón de tejas —, Armando Pontier — Anoche — y sobre todo Aníbal Troilo — María, La última curda, Una canción, Desencuentro. Cátulo tenía 95 perros, 19 gatos y dos corderitos llamados Juan y Domingo. La Revolución Libertadora de 1955 lo echó de todos sus cargos, prohibió que se pasaran sus temas por radio e intervino SADAIC para que no cobrara sus derechos. Murió el 19 de octubre de 1975. En 1974 había sido nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Ficha técnica

  • Título: Anoche
  • Género: Tango
  • Música: Armando Pontier
  • Letra: Cátulo Castillo
  • Año: 1949
  • Primera grabación: Luis Caruso con Walter Escobar (1949)
  • Versión que lo consagró: Francini-Pontier con Pablo Moreno (17/06/1952)

Grabaciones destacadas

  • Luis Caruso con Walter Escobar (1949) — primera grabación
  • Francini-Pontier con Pablo Moreno (17/06/1952) — versión de referencia
  • Horacio Deval con guitarras (1956)
  • Mariano Mores con Aldo Campoamor (1959)
  • Osvaldo Piro con Alberto Hidalgo (1969)
  • Alberto Morán con la orquesta de Armando Cupo (1970)
  • Sexteto Tango con Jorge Maciel (1970)

Análisis literario

Anoche tiene una de las imágenes iniciales más potentes de Cátulo: ver a la amada pasar del brazo de otro, sin dolor, siendo feliz, tras ese escaparate de cristal del coche que la separa del narrador como si ya estuviera en otro mundo. Tu coche que pasó me salpicó su noche de fangal y lluvia. El barro y la lluvia que salpica al que queda parado en el cordón es una imagen de una crueldad perfectamente calculada.

La segunda estrofa confirma que la mujer ya no sufre — tiene la tez marfil, el visón — mientras el narrador está en el cordón, desesperado, nublada la razón, deshilachado. La oposición entre la elegancia de ella y el desastre de él no podría ser más tajante.

Cátulo escribió desde el pesimismo que caracterizó sus obras maduras — la misma filosofía de derrota que late en La última curda. Pero en Anoche el pesimismo tiene la forma del instante concreto: no es una reflexión sobre la vida sino una imagen fijada para siempre en la memoria. El coche que pasa, el barro que salpica, el hombre que se queda en el cordón. Eso es todo. Y es suficiente.


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Anclao en París | Historia del tango de Guillermo Barbieri y Enrique Cadícamo

Una noche de 1931, en el comedor del Hotel Oriente de la Rambla de Barcelona, Enrique Cadícamo recibió una carta de su amigo Guillermo Barbieri. Barbieri estaba en Niza, actuando con Gardel en el Casino Mediterráneo. Le pedía que le enviara una letra para tango — él le pondría música y Gardel la grabaría en París tan pronto terminaran las actuaciones. Cadícamo iba a cerrar la carta sin la letra, pero pensó que si esperaba llegaría tarde. Pidió un café doble y coñac, encendió un cigarrillo de estraperlo y en menos de tres horas escribió de un solo tirón los versos que tituló Anclao en París.

Salió a caminar por la Rambla y se encontró con el actor Arturo García Buhr, que terminaba su actuación en el Teatro Tívoli. No pudo resistir mostrarle la letra. García Buhr la leyó varias veces y le señaló un feliz hallazgo, augurándole un futuro éxito. Al día siguiente Cadícamo se la envió a Barbieri a Niza.

Guillermo Barbieri: el guitarrista de San Cristóbal

Guillermo Barbieri nació el 25 de septiembre de 1894 en el barrio de San Cristóbal, Buenos Aires. Fue uno de los guitarristas más cercanos a Carlos Gardel — integrante del cuarteto de guitarras que lo acompañó en sus actuaciones europeas y en las sesiones de grabación de sus últimas películas. Era amigo personal de Cadícamo y de esa amistad nacieron varios tangos, entre ellos Anclao en París.

Gardel le grabó una cantidad notable de composiciones: Anclao en París, Ansias de amor, Cruz de palo, La novia ausente, Lobo de mar, Por un tango, Preparate pa'l domingo y varios más. Barbieri murió el 24 de junio de 1935 en el accidente aéreo de Medellín, junto a Gardel y a los otros guitarristas Domingo Riverol y Domingo Vivas. Tenía 40 años.

Enrique Cadícamo: el poeta del siglo

Enrique Domingo Cadícamo nació el 15 de julio de 1900 en Luján, provincia de Buenos Aires. Murió el 3 de diciembre de 1999 — vivió noventa y nueve años y cubrió prácticamente la totalidad del siglo XX. Fue poeta, compositor, guionista y director de cine. Su obra es uno de los pilares del cancionero tanguero: Garúa, Niebla del Riachuelo, Los mareados, La casita de mis viejos, Nostalgias, Anclao en París.

Se conoció con Gardel en el hall de un teatro. Él mismo lo recordó: lo miraba como si fuera un ser de otro planeta. Me palmeó la espalda y desde ese día fuimos amigos. El primer tango que Cadícamo escribió — Pompas de jabón — fue también el primero que Gardel le grabó, el 27 de diciembre de 1925 en España, con sistema eléctrico que todavía no había llegado a Buenos Aires. En total, el Zorzal le grabó 23 composiciones.

Cadícamo fue también el autor del último tango que Gardel grabó en Argentina antes de su gira final: Madame Ivonne, el 6 de noviembre de 1933. El poeta vivió lo suficiente para ver cómo el tango que había escrito en tres horas en un hotel de Barcelona se convirtió en uno de los más universales de la historia del género.

La grabación: París, 4 de septiembre de 1931

Gardel grabó Anclao en París en la ciudad que da nombre al tango el 4 de septiembre de 1931, con guitarras de Guillermo Barbieri, Ángel Domingo Riverol y Domingo Julio Vivas. La grabación fue un gran éxito. El tango que evocaba Buenos Aires desde la nostalgia parisina se convirtió de inmediato en uno de los más identificados con la experiencia del emigrante — y con la figura de Gardel, que era él mismo un argentino de adopción actuando en Europa.

La censura y el cambio de nombre

En 1944, cuando Alberto Castillo grabó el tango con la orquesta de Emilio Balcarce, la censura del gobierno militar intervino. El lunfardo de Cadícamo fue domesticado: la palabra tirao fue cambiada por tirado, faubourg — que significa arrabal en francés — se transformó en rincón, y me encane la muerte pasó a ser me encuentre la muerte. El tango también cambió de nombre: pasó a llamarse Anclado en París en esa versión. En 1949, bajo el gobierno de Perón, se restableció el lunfardo en el tango argentino.

Ficha técnica

  • Título: Anclao en París
  • Género: Tango
  • Música: Guillermo Barbieri
  • Letra: Enrique Cadícamo
  • Año: 1931
  • Composición: Hotel Oriente, Rambla de Barcelona (Cadícamo) / Niza, Casino Mediterráneo (Barbieri)
  • Primera grabación: Carlos Gardel con guitarras de Barbieri, Riverol y Vivas (04/09/1931, París)

Grabaciones destacadas

  • Carlos Gardel con Barbieri, Riverol y Vivas (04/09/1931, París) — primera grabación y versión canónica
  • Alberto Castillo con orquesta de Emilio Balcarce (19/01/1944) — versión con letra censurada
  • Rubén Juárez con orquesta de Raúl Garello (mayo 1977)

Análisis literario

Cadícamo imaginó la escena desde los jóvenes compatriotas que había visto en Montmartre — los argentinos anclados en París que vivían de la manga y a los que él tiraba algunos francos. Tomó esa figura y la convirtió en un personaje de tango.

El título funciona en dos registros. En lo literal, un barco anclado es el que no puede zarpar. En lo metafórico, el protagonista está detenido en París — sin plata, sin fe, sin poder volver a Buenos Aires. La nostalgia no es solo por la ciudad sino por la identidad: las calles Corrientes, Suipacha, Esmeralda, el arrabal propio.

El hallazgo mayor de la letra — el que García Buhr señaló esa noche en la Rambla — es el verso final: ¡Quién sabe una noche me encane la muerte / y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver! La muerte lunfarda que encana al protagonista — lo atrapa como si fuera la policía — es una imagen de una crueldad poética perfecta. La censura la cambió por me encuentre y con ese cambio le quitó toda su fuerza.

Anclao en París es también un tango sobre el tango mismo — sobre la clase de persona que el tango retrató siempre: el que se fue, el que no puede volver, el que mira desde afuera lo que dejó. Que lo haya escrito Cadícamo en Barcelona, que lo haya musicalizado Barbieri en Niza, que lo haya grabado Gardel en París — tres rioplatenses en Europa evocando Buenos Aires — le da una dimensión autobiográfica que trasciende el personaje de ficción.


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Amurado

Música: Pedro Maffia / Pedro Laurenz
Letra: José De Grandis

Campaneo a mi catrera y la encuentro desolada.
Sólo tengo de recuerdo el cuadrito que está ahí,
pilchas viejas, una flores y mi alma atormentada...
Eso es todo lo que queda desde que se fue de aquí.

Una tarde más tristona que la pena que me aqueja
arregló su bagayito y amurado me dejó.
No le dije una palabra, ni un reproche, ni una queja...
La miré que se alejaba y pensé:
¡Todo acabó!

¡Si me viera! ¡Estoy tan viejo!
¡Tengo blanca la cabeza!
¿Será acaso la tristeza
de mi negra soledad?
Debe ser, porque me cruzan
tan fuleros berretines
que voy por los cafetines
a buscar felicidad.

Bulincito que conoces mis amargas desventuras,
no te extrañe que hable solo. ¡Que es tan grande mi dolor!
Si me faltan sus caricias, sus consuelos, sus ternuras,
¿qué me quedará a mis años, si mi vida está en su amor?

¡Cuántas noches voy vagando angustiado, silencioso
recordando mi pasado, con mi amiga la ilusión!...
Voy en curda... No lo niego que será muy vergonzoso,
¡pero llevo más en curda a mi pobre corazón!

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Amores viejos

Música: Enrique Delfino
Letra: Pascual Contursi

Esas minas veteranas
que nunca la protestaban,
sin morfar se conformaban
aunque picara el buyón;
viviendo así en un cotorro,
pasando vida fulera,
con una pobre catrera
que le faltaba el colchón.

Cuántas veces el mate amargo
al estómago engrupía,
y pasaban muchos días
sin que hubiera pa' morfar;
la catrera era el consuelo
de esos ratos de amargura,
que a causa e' la mishiadura
se tenían que pasar.

Ya no existen esas minas
que sólo se conformaban
con lo que'l amigo les daba
siendo amigo de verdá;
hoy sólo quieren vestidos
y riquísimas alhajas,
coche de capota baja
pa' pasear por la ciudá.

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Amores de estudiante ( Vals )

Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera / Mario Battistella
(vals)

Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.

En unos labios ardientes
dejar una promesa
apasionadamente.
Quiero calmar los enojos
de aquellos claros ojos
siempre mintiendo amor.

Por un mirar que ruega
perder la quietud.
Mujercitas sonrientes
que juran virtud.
Es una boca loca
la que hoy me provoca.
Hay un collar de amores
en mi juventud.

Fantasmas del pasado,
perfumes de ayer,
que evocaré doliente
planteando mi sien.
Bandadas de recuerdos
de un tiempo querido,
lejano y florido
que no olvidaré.

Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.

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Amigos que yo quiero

Música: Hugo Gutiérrez
Letra: Hugo Gutiérrez

En la vida tenemos mil cosas
que son grandes, sublimes y hermosas,
que ennoblecen y alegran el alma
alentándonos el corazón.
Pero hay una, sutil y suprema,
que nos llega tranquila y serena,
es hombría y lealtad,
sentimiento y bondad,
es sublime, se llama amistad.

Amigos que yo quiero
escuchen este tango,
que lleva entre sus notas
un apretón de manos.
Fue escrito con el alma
pensando en la amistad
con lágrimas lo canto
por lo que ya no están.
Alcemos nuestras copas,
aquí en el viejo bar,
que mientras haya amigos
dan ganas de cantar.

La existencia si es negra condena,
con amigos parece verbena,
sin amigos no vale la pena
esta vida llena de dolor.
Los amigos igual que poetas
tienen hondas ternuras secretas,
acerquémonos más a la noble amistad
que nos llena de fe y de bondad.

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Amarras

Música: Carlos Marchisio
Letra: Carmelo Santiago

Vago como sombra atormentada
bajo el gris de la recova,
me contemplo y no soy nada...
Soy como mi lancha carbonera
que ha quedado recalada,
bien atada a la ribera.
Yo también atado a mi pasado
soy un barco que está anclado
y siento en mi carne sus amarras
como garfios, como garras.
Lloro aquellos días
que jamás han de volver;
sueño aquellos besos
que ya nunca he de tener,
soy como mi lancha carbonera
que ha quedado en la ribera,
¡sin partir más!

Aquellos besos que perdí
al presentir que no me amaba,
fueron tormentas de dolor
llenas de horror.
¡Hoy no soy nada!
Yo sólo sé que pené,
que caí y que rodé
al abismo del fracaso...
Yo sólo sé que tu adiós,
en la burla del dolor,
me acompaña paso a paso.
Ahora que sé que no vendrás,
vago sin fin por la recova,
busco valor para partir;
para alejarme... y así
matando mi obsesión,
lejos de ti, poder morir.

Pero vivo atado a mi pasado,
tu recuerdo me encadena,
soy un barco que está anclado.
Sé que únicamente con la muerte
cesarán mis amarguras;
cambiará mi mala suerte.
Vago con la atroz melancolía
de una noche gris y fría;
y siento en mi carne sus amarras
como garfios, como garras.
Nada me consuela en esta cruel desolación.
Solo voy marchando con mi pobre corazón.
Soy como mi lancha carbonera,
que ha quedado en la ribera,
sin partir más.

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Amargura

Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera

Me persigue implacable
su boca que reía,
acecha mis insomnios
ese recuerdo cruel,
mis propios ojos vieron
cómo ella le ofrecía
el beso de sus labios
rojos como un clavel.
Un viento de locura
atravesó mi mente,
deshecho de amargura
yo me quise vengar,
mis manos se crisparon,
mi pecho las contuvo,
su boca que reía
yo no pude matar.

Fue su amor de un día
toda mi fortuna,
conté mi alegría
a los campos y a la luna.
Por quererla tanto,
por confiar en ella,
hoy hay en mi huella
sólo llanto y mi dolor.

Doliente y abatido
mi vieja herida sangra.
Bebamos otro trago
que yo quiero olvidar,
pero estas penas hondas
de amor y desengaño
como las yerbas malas
son duras de arrancar.
Del fondo de mi copa
su imagen me obsesiona,
es como una condena
su risa siempre igual,
coqueta y despiadada
su boca me encadena,
se burla hasta la muerte
la ingrata en el cristal.

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Café El Querandí




Este edificio, de 1860, fue, desde un comienzo, el punto de reunión elegido por los estudiantes de las facultades que tenían sede en la Manzana de las Luces y por los del vecino Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1920, la vieja casona colonial se transformó en bar.

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