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Azúcar, pimienta y sal | Historia de la milonga de Ernesto Rossi, Héctor Varela y Abel Aznar

Hay milongas que retratan el amor con una exactitud que ningún poema solemne podría alcanzar. Azúcar, pimienta y sal es la declaración de un hombre que ama a una mujer exactamente como es — rebelde y angelical, con su cabecita hueca, con sus sueños de papel, siempre en la luna. No hay reproche ni intención de cambiarla. Solo la celebración de una mezcla que no tiene nombre mejor que esos tres sabores: azúcar, pimienta y sal.

La compusieron juntos Ernesto "Titi" Rossi y Héctor Varela, con letra de Abel Aznar. La estrenó la orquesta de Varela en 1973 con las voces de Fernando Soler y Jorge Falcón en un dúo que se convirtió en uno de los grandes éxitos de la historia reciente del tango.

El momento en que nació la milonga

Un testimonio anónimo pero precioso quedó registrado en la web: yo tenía 17 años cuando compusieron este temazo en lo de Titi Rossi en la calle Loria 743; venían Silvio Soldán y Héctor Varela y Titi con su piano compusieron este tango, yo sentado en el umbral de la puerta escuchando esta obra. No hay mejor descripción del tango como música que nace en la mesa de un amigo, con el piano, sin que nadie lo esté grabando todavía.

Ernesto "Titi" Rossi: el arreglista de Guaminí

Ernesto Ovidio Rossi nació el 8 de diciembre de 1916 en Guaminí, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de músicos. Su padre era director de orquesta y le enseñó música desde niño: a los 10 años ya tocaba violín y trompeta. Más adelante eligió el bandoneón. A los 21 años viajó a Buenos Aires con su hermano Carlos, que era cantante, y pronto obtuvo trabajo como bandoneonista en la orquesta estable de Radio Belgrano bajo la dirección de Mario Maurano.

En 1956 comenzó su larga asociación con Héctor Varela, primero como arreglista y luego como compositor. En 1958 debutó con su propio conjunto en Radio El Mundo con los cantores Alfredo Dalton y Luis Correa, actuando en confiterías como La Armonía de Corrientes y la Richmond de Esmeralda, y en locales de baile como el Palacio Güemes y el Salón La Argentina. En 1960 viajó con Alberto Marino a Estados Unidos y permaneció ocho años, actuando en diversos escenarios incluyendo el Auditorio de las Naciones Unidas. A su regreso en 1968 se dedicó a la enseñanza y a los arreglos para Varela. Falleció el 6 de mayo de 1985.

Azúcar, pimienta y sal es posiblemente su obra de mayor difusión. Junto a ella se recuerdan el vals Así bailaban mis abuelos (con Varela y Silvio Soldán), el tango No me hablen de ella (gran éxito de Varela con Rodolfo Lesica) y Bien bohemio (con Juan Pomati).

Héctor Varela: el Rey del Baile

Salustiano Paco Varela nació el 29 de enero de 1914 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Bandoneonista, director de orquesta y compositor, formó su propia orquesta en 1952 y se convirtió en uno de los más populares directores del tango en las décadas de 1950 y 1960. Su estilo era rítmico, bailable y accesible — lo que la prensa llamó el Rey del Baile. Sus cantores más recordados fueron Rodolfo Lesica y, en la etapa de los años 70, el dúo Jorge Falcón y Fernando Soler. Falleció el 30 de enero de 1987.

Abel Aznar: el rey de la rima

Abel Aznar fue uno de los letristas más prolíficos del tango argentino. Luis Grinóvero lo llamó el rey de la rima por su facilidad para escribir versos notablemente rimados que además eran accesibles para el público. Colaboró con músicos como Carlos Di Sarli, Luciano Leocata, Manuel Sucher y Héctor Varela. Entre sus letras más recordadas están En el corsito del barrio (gran éxito de Julio Sosa con Pontier), Lo que vos te merecés y Y no puedo olvidarte. Azúcar, pimienta y sal es su obra más difundida.

Ficha técnica

  • Título: Azúcar, pimienta y sal
  • Género: Milonga
  • Música: Ernesto "Titi" Rossi / Héctor Varela
  • Letra: Abel Aznar
  • Año: 1973
  • Primera grabación: Héctor Varela con Jorge Falcón y Fernando Soler (1973, sello Microfón)

Análisis literario

Azúcar, pimienta y sal es una milonga de amor incondicional — un género poco frecuente en el tango, que prefiere el amor doliente, traicionado o perdido. La letra de Aznar celebra a una mujer no a pesar de sus defectos sino gracias a ellos. La cabecita hueca, los sueños de papel, estar siempre en la luna — en lugar de ser motivos de queja son los rasgos que la hacen irreemplazable.

El título resume esa filosofía con una imagen sensorial perfecta. El azúcar es la ternura, la dulzura. La pimienta es el carácter, el chispazo, lo que pica. La sal es lo esencial, lo que da sabor real a todo. Una mujer con las tres cosas no puede ser aburrida ni predecible — y eso es exactamente lo que el narrador celebra.

La milonga como género es naturalmente más alegre y rítmica que el tango. Aznar aprovecha esa ligereza para construir una declaración de amor que en el tango sonaría demasiado festiva. En la milonga suena perfectamente natural. El ritmo vivaz de Rossi y Varela acompaña una letra que baila tanto como los pies en la pista.


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Azabache | Historia de la milonga-candombe de Francini, Stamponi y Homero Expósito

En 1942, en plena Época Dorada del tango, la orquesta de Miguel Caló grabó algo que nadie había hecho exactamente así antes: una milonga-candombe que evocaba la Buenos Aires africana de San Telmo, los tambores esclavos del Río de la Plata, la nostalgia de una cultura que el tiempo había ido borrando de las calles. La música era de Enrique Francini y Héctor Stamponi — los dos jóvenes amigos de Campana que ya eran figuras de la orquesta. La letra era de Homero Expósito, que tenía veintitrés años y ya escribía como nadie.

Azabache se grabó el 29 de septiembre de 1942 con la voz de Raúl Berón para el sello Odeón. Es una de las composiciones más originales y audaces de la Generación del Cuarenta.

La orquesta de las estrellas: Miguel Caló en 1942

La orquesta de Miguel Caló en 1942 era, por consenso de músicos y críticos, la mejor del momento. En su formación estaban Enrique Francini y Armando Pontier en los violines, Héctor Stamponi y Domingo Federico en los pianos, Osmar Maderna como arreglista, y en las voces Raúl Berón y Alberto Podestá. Una concentración extraordinaria de talento que duró pocos años pero dejó grabaciones que el tiempo no ha borrado.

Azabache fue uno de los productos de ese momento irrepetible. Francini y Stamponi compusieron juntos la música — como lo habían hecho desde la infancia en Campana, donde se conocieron y pasaban tardes tocando en la trastienda de la farmacia de barrio. Homero Expósito puso los versos, recién llegado al mundo del tango.

Homero Expósito: el poeta de Zárate

Homero Expósito nació el 5 de noviembre de 1918 en Zárate, provincia de Buenos Aires, en una familia humilde. Desde niño formó un trío con su hermano Virgilio al piano y el futuro baterista Tito Alberti en batería — tocaban en la confitería de los padres. Su primer tango lo compuso en 1938, a los 20 años, con Virgilio: Rodando, estrenado por Libertad Lamarque sin mayor repercusión.

Fue el pianista Héctor Stamponi quien lo introdujo en la orquesta de Miguel Caló, invitándolo durante un viaje a sumarse al núcleo de jóvenes renovadores del tango. Ahí comenzó su consagración. Horacio Ferrer describió su aparición en el género con estas palabras: su obra poética causó verdadera sorpresa en el momento de su aparición y queda, por su indiscutible calidad, a la vanguardia de los clásicos del tango. Luis Adolfo Sierra señaló que llegó al género con una sólida preparación literaria que le permitió el tratamiento de sus argumentos con admirable claridad anecdótica.

Entre sus obras más recordadas están Naranjo en flor (con su hermano Virgilio), Pedacito de cielo, Percal, Bien criolla y bien porteña, Tristezas de la calle Corrientes, Margo y Yuyo verde. Trabajó con Francini, Stamponi, Pontier, Federico, Troilo y Galván. Falleció el 23 de agosto de 1987 en Buenos Aires.

El candombe en el tango rioplatense

El candombe es la música y danza de los esclavos africanos traídos al Río de la Plata durante la época colonial. En Buenos Aires y Montevideo los esclavos se reunían los domingos en los candombes — fiestas donde los tambores recordaban las raíces africanas. En Buenos Aires, el barrio de San Telmo y la zona sur de la ciudad fueron el territorio histórico de esas reuniones, que el tango evoca en varias de sus letras más antiguas.

Para 1942 el candombe había prácticamente desaparecido de las calles porteñas — mucho más vivo en Montevideo que en Buenos Aires. Expósito lo evocó desde la nostalgia y la conciencia histórica: por las calles de San Telmo ya se ha perdido el candombe. No es un candombe festivo sino uno recordado, uno que existe en la memoria y en el gemido de los tambores imaginados.

Ficha técnica

  • Título: Azabache
  • Género: Milonga-candombe
  • Música: Enrique Francini / Héctor Stamponi
  • Letra: Homero Expósito
  • Año: 1942
  • Primera grabación: Miguel Caló con Raúl Berón (29/09/1942, sello Odeón)

Grabaciones destacadas

  • Miguel Caló con Raúl Berón (29/09/1942) — primera grabación y versión de referencia
  • Armando Pontier con Julio Sosa (21/07/1960)
  • Hugo del Carril (1970) — una de sus últimas grabaciones, en la película Senda sin culpa
  • Nelly Vázquez con orquesta de Osvaldo Requena

Análisis literario

Azabache es una de las letras más ambiciosas de Homero Expósito. La palabra azabache — la piedra negra oscura como el carbón — es primero el color de los ojos de la morena y luego el color de toda la evocación: la noche, el tambor, el humo del fuego de los negros tiñendo de rojo el cielo.

Lo más notable de la letra es el recurso fonético con el que Expósito evoca la forma de hablar del afroargentino: la transposición de la L y la R — morenita / molenita, caderas / cadelas, parches / palches, quisiela poder besalte. Es una imitación que hoy podría leerse de manera diferente, pero en 1942 funcionaba como un recurso de autenticidad oral, de reproducción de una voz histórica concreta.

La estructura de la letra alterna entre el retrato colectivo — el candombe, la calle, los tambores, San Telmo — y el retrato individual — la morenita, sus ojos de azabache, sus caderas que tiemblan como los parches. Esa alternancia crea una tensión entre la historia y el deseo, entre la nostalgia colectiva y el amor particular, que es exactamente la tensión que define a las mejores milongas del género.


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Ave de paso | Historia del tango de Charlo y Enrique Cadícamo

En 1937 Charlo —el gran cantor Carlos José Pérez de la Riestra— fue contratado para cantar varias semanas en el Casino de Urca de Río de Janeiro. Le pidió encarecidamente a Enrique Cadícamo que lo acompañara. En el barco hacia Brasil iba también José Razzano, que Cadícamo había recomendado como representante del cantante. Y en ese mismo trasatlántico viajaban las hermanas Miranda que volvían a Río después de actuar en Buenos Aires — Carmen y Aurora. Charlo vivió un fogoso romance con Carmen durante la travesía.

En Río, Cadícamo conoció a Heriberto Muraro, un pianista argentino radicado allí. Muraro le pidió que le escribiera una letra para musicalizar. Cadícamo tomó la máquina portátil de Charlo y escribió el texto en tiempo récord. Cuando Charlo se acercó y la leyó, arrancó el papel de la máquina y dijo: Ésta es para mí. Escribile otra a Muraro. El asombrado Muraro se quedó sin letra. Ave de paso había nacido.

Charlo: el cantor elegante

Carlos José Pérez de la Riestra nació en Buenos Aires el 28 de agosto de 1906. Se apodó Charlo desde sus comienzos — un nombre que le quedó para siempre. Fue estribillista de las orquestas de Francisco Canaro y Francisco Lomuto, pero siempre se consideró un solista y no fue cantor de orquesta en actuaciones. Era además pianista, guitarrista y acordeonista. Concurría a la casa de Anselmo Aieta para transcribir al papel pautado las ideas musicales del bandoneonista que no sabía escribir música.

Su voz era clara, de perfecta afinación, sin efectismos, con una musicalidad impecable. Horacio Ferrer lo ubicó en la línea de los grandes cantores elegantes del tango. Dejó más de 1.100 grabaciones — superando al propio Gardel en cantidad. Como compositor colaboró con los mejores letristas: Cadícamo, Homero Manzi, Luis César Amadori, José María Contursi, Lito Bayardo y González Castillo. Con Manzi hizo Fueye, Oro y plata y Tu pálida voz. Con Cadícamo, además de Ave de paso, hizo Rondando tu esquina, Viejas alegrías, La barranca y No hay tierra como la mía. Falleció el 25 de enero de 1990.

Enrique Cadícamo: el prócer del tango

Enrique Domingo Cadícamo nació el 15 de julio de 1900 en Luján, provincia de Buenos Aires. Fue poeta, letrista, periodista y novelista — uno de los pilares fundamentales de la historia del tango. Pablo Suero, dramaturgo y crítico, fue el primero en alentarlo en los años veinte a continuar en la poesía popular. Su primer tango, Pompas — luego renombrado con música de Roberto Emilio Goyeneche — fue grabado por Carlos Gardel en 1925 y 1927. En menos de ocho años, Gardel le grabó 23 temas.

Con Juan Carlos Cobián construyó algunas de las obras más importantes del tango: La casita de mis viejos, Shusheta, Nostalgias, Niebla del Riachuelo, Los mareados. Con Troilo hizo Garúa. Su catálogo supera las 200 letras. Cultivó también la composición musical, firmando algunas obras bajo el seudónimo Rosendo Luna — como el tango El cuarteador (1941). Falleció el 3 de noviembre de 1999 en Buenos Aires, a los 99 años. Uno de los pocos hombres del tango que vio el siglo XX completo.

Ficha técnica

  • Título: Ave de paso
  • Género: Tango
  • Música: Charlo (Carlos José Pérez de la Riestra)
  • Letra: Enrique Cadícamo
  • Año de composición: 1936-1937 (compuesto en Río de Janeiro, Casino de Urca)

Grabaciones destacadas

  • Ángel D'Agostino con Ángel Vargas (1945) — primera grabación registrada con orquesta
  • Charlo con acompañamiento orquestal (24/09/1951)
  • Juan D'Arienzo con Jorge Valdés (1962)
  • Charlo (segunda grabación con orquesta, 1967)

Análisis literario

Ave de paso es un tango de despedida que no busca redención ni reproche. El narrador parte — ha llegado el momento querida, de ausentarme quién sabe hasta cuándo — y lo hace con plena conciencia de que su amor fue fugaz por naturaleza, no por traición. Mi cariño fue un ave de paso: la imagen es perfecta porque el ave de paso no abandona el nido por maldad sino porque su naturaleza es el movimiento.

La expresión más notable de la letra es la que define el beso de la amada como un vaso sagrado que no olvidaré. El vaso sagrado — imagen religiosa en un contexto absolutamente profano — eleva la experiencia transitoria al rango de lo eterno. El amor fue de paso, pero el beso fue sagrado. Esa tensión entre lo efímero y lo memorable es el corazón del tango.

El final tiene una vuelta de tuerca compasiva: perdoná mi promesa, morena / olvidá mi locura de amarte / Buenos Aires me obliga a dejarte / y bajo ese cielo con vos soñaré. El que se va pide perdón y culpa a Buenos Aires — no a sí mismo. Es la huida elegante, la que no condena ni se condena. Cadícamo lo escribió en tiempo récord para deshacerse de un compromiso, y quedó para siempre.


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Ausencia | Historia del vals de Gardel, Razzano y Francisco Bianco

Hay canciones que unen a las personas mucho antes de que existan. Francisco Bianco y Carlos Gardel se conocieron de niños en el conventillo de las calles Pasco y Constitución — la madre de Gardel era planchadora y le alquilaba una sala a los Bianco. Juntos faltaban a la escuela del barrio para ir a escuchar la banda del cuartel de Garay y Pichincha. De esa amistad de la infancia nació, décadas después, el vals Ausencia: letra de Bianco, música del Dúo Gardel-Razzano.

Se grabó en 1920 — primero a dúo, por Gardel y Razzano, y luego en una segunda versión por Gardel solo. Es uno de los valses más queridos del cancionero rioplatense.

El Dúo Gardel-Razzano: la voz doble del tango

El dúo Gardel-Razzano se formó en 1911 y fue durante más de una década la expresión más popular de la canción criolla argentina. Se encontraron en la casa de un amigo en la calle Guardia Vieja, a pocos metros del Mercado de Abasto. Gardel ya cantaba a dúo con Francisco Martino; Razzano se sumó, y luego Saúl Salinas por un tiempo.

José Francisco Razzano nació en Montevideo el 25 de febrero de 1887 — por eso lo llamaban El Oriental. Cuando su padre murió dos años después, su madre se instaló en Buenos Aires, en el barrio de Balvanera. Allí creció y allí empezó a cantar. Su encuentro con Gardel fue de esos que cambian dos vidas: decía José Di Clemente que formaban juntos un dúo formidable y que el verdadero valor de sus interpretaciones residía en sus actuaciones en vivo, ya que los sistemas de grabación acústicos de la época eran demasiado precarios para capturar lo que hacían.

En 1917 firmaron contrato con el empresario Max Glucksmann e iniciaron su labor fonográfica. Al comienzo figuraban como autores de casi todas las canciones que grababan — una práctica habitual antes de que existieran sociedades de autores que certificaran la información. El dúo duró hasta 1925, cuando Razzano tuvo que abandonar el canto por problemas en sus cuerdas vocales. A partir de ese momento pasó a ser el representante y administrador de negocios de Gardel, y viajó con él por toda América. Las últimas grabaciones del dúo fueron el 31 de diciembre de 1929: Claveles mendocinos y Serrana impía, con los nuevos sistemas eléctricos de grabación. Razzano falleció el 30 de abril de 1960 en Buenos Aires.

Francisco Bianco: el amigo de la infancia

Francisco Nicolás Bianco nació en Rosario en 1894 y fue payador, cantor y compositor. En 1959, ya anciano, recordó en una entrevista su amistad con Gardel desde la primera infancia: la madre de Doña Berta era planchadora y ocupaba una sala en el conventillo de la familia Bianco en Pasco y Constitución. Los dos niños se conocieron así — faltando a la escuela juntos para ir a escuchar las bandas militares del cuartel.

Su primera canción fue el vals Blanca flor, que tiempo después grabaría Agustín Magaldi. Su compañero de infancia Gardel le llevó al disco el vals Ausencia — primero a dúo con Razzano y luego solo. También compuso la música del vals Tu diagnóstico con letra de José Betinotti. Dejó esparcidas centenares de canciones criollas y versos camperos. Falleció en 1960.

Ficha técnica

  • Título: Ausencia
  • Género: Vals
  • Música: Carlos Gardel / José Razzano
  • Letra: Francisco Bianco
  • Año: 1920
  • Primera grabación: Dúo Gardel-Razzano (1920) — dos versiones: a dúo y Gardel solo

Grabaciones destacadas

  • Dúo Gardel-Razzano (1920) — primera grabación a dúo
  • Carlos Gardel solo (1920) — segunda versión
  • Carlos Di Sarli con Agustín Volpe (05/08/1940)

Análisis literario

Ausencia es un vals de dolor contenido. La letra de Bianco habla desde el abandono — no el de quien se va sino el de quien se queda esperando. El narrador está desolado por la ausencia de la amada, padeciendo sin cesar, y en ese padecimiento encuentra la única forma posible de expresar lo que siente: el verso, la canción.

El vals como género favorece este tipo de expresión sentimental. Más suave que el tango, más fluido, permite una emoción que no es desesperación sino nostalgia tierna. Bianco escribe con la sencillez del cancionero criollo — sin imágenes complejas, sin lunfardo, con la claridad directa del que habla al corazón. Esa sencillez es su virtud: el dolor de la ausencia no necesita adornos para ser reconocible.

La historia de la amistad entre Bianco y Gardel — los dos niños que faltaban a la escuela juntos en el conventillo de Pasco y Constitución — añade al vals una dimensión que la música sola no puede dar: la de dos vidas que se cruzaron en la infancia y que el tango unió para siempre.


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Festival y Mundial de Tango en Buenos Aires

Entre el 14 y 23 de Agosto la Ciudad nos propone el mayor Festival tanguero, con espectáculos gratuitos, presentaciones exclusivas, homenajes, estrenos de producciones originales, clases, seminarios, espacios interdisciplinarios y las presentaciones de los artistas consagrados y los artistas emergentes del género. Posteriormente, se llevará a cabo el 7° Mundial de Baile en la Ciudad de Buenos Aires.



Durante dos semanas, del 14 al 31 de agosto, la Ciudad vivirá Tango, convirtiéndose en una gran vidriera de la actividad anual y también, en plataforma de lanzamiento para nuevas propuestas de una música inmortal, la banda de sonido que Buenos Aires tiene para mostrar al mundo.

El Mundial de Baile es la fiesta que convierte a Buenos Aires en la meca para los bailarines de tango de todo el mundo.

El evento premiará a los mejores bailarines en las categorías “Tango Salón”, que privilegia el baile social como una práctica de neta raigambre porteña, y “Tango Escenario”, que tiene como objetivo enriquecer la danza desde una concepción coreográfica vinculada con el espectáculo.

Durante el desarrollo del Mundial, el público también podrá disfrutar de milongas, exhibiciones, clases temáticas gratuitas, espectáculos de baile y Work in Progress de las más prestigiosas compañías. La gran fiesta ya se está palpitando.

Fuente:http://www.festivaldetango.gob.ar/

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Audacia | Historia del tango de Hugo La Rocca y Celedonio Flores

En 1919, el vespertino Última Hora publicó unos versos alejandrinos firmados por un tal Cele y los premió con cinco pesos. El poema, titulado Por la pinta, cayó en manos de Carlos Gardel, que lo grabó cambiándole el nombre por el de Margot. Cuando en la sesión de grabación Max Glucksmann fue a buscar al poeta, llegó un jovencito moreno, regordete, tímido, con el pelo estirado aplastado con gomina para domar sus motas. Gardel lo miró y le preguntó: Pibe, estos versos son de un tío tuyo, ¿no? El muchacho respondió: No señor, son míos y acá le traigo otro tema para que lo vea. Así empezó la historia de Celedonio Esteban Flores en el tango.

Audacia fue uno de los tangos que escribió poco después, en 1925, con música de Hugo La Rocca. Lo estrenó Rosita Quiroga — la cancionista del sello Víctor para quien Celedonio escribía con exclusividad. También lo grabó Mercedes Simone.

Celedonio Flores: el Negro del barrio

Celedonio Esteban Flores nació el 3 de agosto de 1896 en el centro de Buenos Aires. Creció en Villa Crespo — el barrio que lo vio convertirse en poeta. Su padre era tipógrafo en la imprenta de los Mitre: los obreros gráficos de la época eran literariamente ilustrados y el pequeño Celedonio creció entre libros. Su modelo era Rubén Darío, pero su lengua era el arrabal. Almafuerte, la Mistral, Lugones y Nervo se apilaban junto a su cama.

Fue boxeador amateur de buen nivel — perdió la final de los pesos pluma en 1923 frente a Mario Reilly en el Club Universitario. Frecuentaba los bailetines de clima pesado, el ambiente del escolaso, los cabarets de mala muerte. De ese mundo salía la materia prima de sus versos: el compadrito, la percanta que se fue, el guapo, el varón que aguanta. Lo llamaban el Negro Cele.

Gardel grabó 21 temas suyos, entre los cuales Mano a mano, Margot, El bulín de la calle Ayacucho, Viejo smoking, Malevito, Canchero y Pan. Con Rosita Quiroga, para quien escribía con exclusividad bajo contrato con la Casa Víctor, hizo Audacia, La musa mistonga, Muchacho, Beba, Sentencia y muchos otros. Otras de sus obras más recordadas son Corrientes y Esmeralda, Atenti pebeta, Cuando me entrés a fallar, Viejo coche y Milonga fina. Falleció el 28 de julio de 1947, antes de cumplir los 51 años.

Rosita Quiroga: la Piaf del arrabal porteño

Rosa Quiroga nació en Buenos Aires en 1896. Fue el arquetipo femenino de lo arrabalero en el tango — la voz del conventillo y la calle, con un estilo inconfundible. A los siete años estudió guitarra con Juan de Dios Filiberto. En 1923 hizo sus primeras grabaciones para el sello Víctor. Pero fue el 1 de marzo de 1926 cuando alcanzó un hito histórico: se convirtió en la primera artista argentina en realizar grabaciones con el sistema eléctrico, con el tango La musa mistonga de Antonio Polito y Celedonio Flores.

El periodista Jorge Göttling la llamó la Piaf del arrabal porteño. Celedonio era su presentador oficial en las audiciones radiofónicas, para las cuales escribía expresamente glosas y poesías. La Academia Porteña del Lunfardo le confirió la Medalla de Plata al Amigo y un Farolito de Oro. La guitarra con la que cantaba se conserva en el recinto de la institución.

Hugo La Rocca: el pianista de Zárate

Hugo La Rocca fue pianista, compositor y director de orquesta. Es el mismo Hugo La Rocca que en 1951 formó parte del famoso quinteto de Astor Piazzolla — el pianista que junto al bandoneón del Gordo completaba aquel sonido revolucionario. En los años veinte era un joven músico que colaboró con Celedonio Flores en Audacia, su obra más recordada como compositor.

Ficha técnica

  • Título: Audacia
  • Género: Tango
  • Música: Hugo La Rocca
  • Letra: Celedonio Flores
  • Año: 1925
  • Estreno: Rosita Quiroga

Grabaciones destacadas

  • Rosita Quiroga — versión original y de estreno
  • Mercedes Simone — otra versión de época

Análisis literario

Audacia es un tango de increpación — uno de los géneros más propios de Celedonio Flores. Un varón se entera de que su mujer se fue al cabaret a trabajar de partenaire y la enfrenta con la bronca contenida del que se siente traicionado. La letra es un monólogo en lunfardo espeso: me han contao, y perdoname que te increpe de este modo, que la vas de partenaire en no sé qué bataclan.

Lo que sigue es una sucesión de imágenes que dibujan la caída de la mujer con una precisión cruel y a la vez compasiva. Celedonio no la condena directamente — la describe, y en esa descripción está el juicio. La palabra partenaire — término francés — es usada para marcar la distancia entre la mujer que él conoció y la que ahora actúa en el bataclan: el lunfardo porteño contrasta con el francés del cabaret y en ese choque está toda la ironía.

La audacia del título es doble: la de la mujer que se animó a cambiar de vida, y la del poeta que se animó a escribirlo con esta crudeza. Celedonio fue siempre así — directo, sin adornos, con la verdad del arrabal en la punta de la lengua.


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Atorrante | Historia del tango de Raúl de los Hoyos y Alberto Vaccarezza

El 5 de abril de 1929 se estrenó en el Teatro Nacional de Buenos Aires el sainete El conventillo de la Paloma, de Alberto Vaccarezza. En el tercer acto, el personaje llamado Doce Pesos cantaba el tango central de la obra. Esa noche quien interpretó a Doce Pesos fue Libertad Lamarque — su debut en las tablas. El tango se llamaba Atorrante, con música de Raúl de los Hoyos y letra del propio Vaccarezza.

El sainete tuvo más de mil representaciones. Lamarque, que se sentía incómoda interpretando el papel arrabalero, pidió que la reemplazaran. Quien la sucedió fue Tita Merello. Antes del estreno ya habían grabado el tango Charlo con Canaro, Ada Falcón con Canaro, Ignacio Corsini y Charlo con Lomuto — cuatro registros en tres semanas.

El conventillo de la Paloma: el sainete cumbre

El conventillo del título era real: el conventillo Nacional de 1918, ubicado en la calle Serrano 156 de Villa Crespo, a pocas cuadras de la casa paterna de Osvaldo Pugliese. Vaccarezza lo conocía bien — sus sainetes siempre usaban el conventillo porteño como escenario, con su mezcla de italianos, españoles, criollos, pícaros, compadritos y mujeres que debían elegir entre la honra y el asfalto.

La fórmula de Vaccarezza era reconocible pero efectiva: cuando el drama se acercaba peligrosamente, alguien se encargaba de desdramatizarlo. El crítico Jaime Potenze escribió: No es arriesgado reconocer que Vaccarezza, sobre todo en su vena sainetera, es el autor más popular que ha dado el país, al extremo que considerarlo un clásico no parece exagerado.

Atorrante era el tango central del tercer acto. La didascalia del texto original lo precisa: el personaje Mariquiña le pide a Doce Pesos que cante uno de esos tanguitos tan lindos que hablan de malandrines enjoropidos y pircantas imbirritinadas. Y Doce Pesos canta Atorrante.

Alberto Vaccarezza: el padre del sainete argentino

Bartolomé Ángel Venancio Alberto Vaccarezza nació el 1 de abril de 1886 en el barrio de Almagro. Fue el máximo exponente del sainete porteño argentino — ese género teatral popular que mezcla drama y comedia, personajes del arrabal y humor de conventillo. Amigo personal de Carlos Gardel, despidió sus restos en la Chacarita. Fue presidente de Argentores y de la Casa del Teatro.

Escribió más de doscientas obras entre piezas teatrales, letras de tango, zambas y poemas. Gardel le grabó 13 temas, entre ellos La copa del olvido, Araca corazón, Padre nuestro y El carrerito — este último también con música de Raúl de los Hoyos. El teatro fue durante años el principal difusor de la canción popular, y Vaccarezza lo aprovechó mejor que nadie. Murió el 6 de agosto de 1959 en la absoluta pobreza.

Raúl de los Hoyos: el pianista de Saladillo

Raúl de los Hoyos nació en Saladillo, provincia de Buenos Aires. Fue pianista, compositor y arreglador. Su asociación con Vaccarezza produjo dos obras para los sainetes del Teatro Nacional: El carrerito (1928) para El corralón de mis penas y Atorrante (1929) para El conventillo de la Paloma. Ambas fueron grabadas por Carlos Gardel — aunque Atorrante la grabó solo El Carrerito. También fue un compositor reconocido internacionalmente: en octubre de 1936 el tango Atorrante fue incluido en la programación de la radio WABC de Nueva York, en un programa patrocinado por Chesterfield con la orquesta de André Kostelanetz.

Libertad Lamarque: el debut incómodo

Libertad Lamarque tenía 21 años cuando debutó en las tablas con el papel de Doce Pesos. Según sus propias palabras, no fue feliz con la asignación: me daba vergüenza hablar y comportarme en forma burda, arrabalera, pero a mi pesar, mi personaje dio que hablar y hasta hoy se recuerda. La obra le dio su primer gran exposición pública. Cuando pidió que la reemplazaran, el director Pascual Carcavallo convocó a Tita Merello, que era exactamente el tipo de intérprete que la obra pedía.

Ficha técnica

  • Título: Atorrante
  • Género: Tango
  • Música: Raúl de los Hoyos
  • Letra: Alberto Vaccarezza
  • Año: 1929
  • Estreno teatral: Teatro Nacional, Buenos Aires, 5 de abril de 1929
  • Intérprete del estreno: Libertad Lamarque como Doce Pesos

Grabaciones (en orden cronológico)

  • Charlo con orquesta de Francisco Canaro (10/04/1929) — primera grabación
  • Ada Falcón con orquesta de Francisco Canaro (02/05/1929)
  • Ignacio Corsini con guitarras (03/05/1929, sello Odeón)
  • Charlo con orquesta de Francisco Lomuto (06/05/1929)

Análisis literario

Atorrante es una de las palabras más porteñas que existen. De origen incierto — algunos la derivan del francés atorant, otros del italiano — designaba al vago, al que no trabaja, al que duerme en la calle o vive del azar. En el sainete y el tango de la época el atorrante era un personaje ambivalente: condenado moralmente por la sociedad burguesa, pero también libre, despreocupado, dueño de su tiempo.

La letra de Vaccarezza trabaja esa ambivalencia con la maestría del sainetero. No hay condena directa — hay descripción. El atorrante del tango no es un monstruo sino un tipo, un personaje reconocible del arrabal porteño que el público del Teatro Nacional veía retratado con humor y sin crueldad. Esa fue siempre la fórmula de Vaccarezza: el lunfardo pintoresco, el trazo grueso, la desdramatización que convierte la miseria en comedia humana.


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Atenti pebeta | Historia del tango de Ciriaco Ortiz y Celedonio Flores

En 1932 Ciriaco Ortiz publicó su primera composición propia con letra de Celedonio Flores. El resultado fue uno de los tangos más queridos del cancionero popular — un consejo de zorro viejo a una pebeta del barrio para que no se deje engañar por los bacanes del centro. Lo curioso: Gardel no lo grabó, pese a que Celedonio era uno de sus poetas predilectos. La primera versión fonográfica fue la de Alberto Gómez el 10 de octubre de 1929.

Atenti pebeta es el tango de Ciriaco Ortiz por antonomasia — su obra más popular como compositor — y uno de los tangos de corte humorístico más logrados de Celedonio Flores.

Ciriaco Ortiz: el cordobés del tango

Ángel Ciriaco Ortiz nació en Córdoba el 5 de agosto de 1905. Lo llamaban Ciriaquito — el gran Ciriaco era su padre. El boliche familiar fue su escuela: a ese modesto salón llegaban vuelta a vuelta José Razzano y Carlos Gardel, que terminaron grabando dos composiciones suyas, Sueños y Nena. A mediados de 1920, la orquesta de Roberto Firpo pasó por Córdoba y tuvo un problema con Pedro Maffia. Firpo incorporó a Ciriaquito, que tenía apenas quince años. Iniciarse reemplazando a Pedro Maffia en la orquesta de Firpo era entrar al tango por la puerta grande.

Llegó a Buenos Aires en 1923 de la mano del pianista Nicolás Vaccaro. En 1927 debutó en la radiotelefonía en Radio Cultura y formó su famoso trío con las guitarras de Spina y Menéndez. Colaboró con el sexteto de Vardaro-Pugliese en 1931. Al año siguiente publicó con letra de Celedonio Flores su primera composición propia: Atenti pebeta, editada por Alfredo Perrotti. Luego formó su orquesta Los Provincianos — con Aníbal Troilo y Horacio Golino en bandoneones, Elvino Vardaro y Manuel Núñez en violines. Acompañó a Tito Schipa y al conjunto de Canaro secundó a Gardel en sus últimas grabaciones en estudios argentinos.

Además de su talento, Ciriaco Ortiz disponía de una irresistible simpatía. Sus dichos cordobeses hacían las delicias de los porteños. Cuando alguno le reprochaba su tonada, él invocaba su amistad con Gardel — heredada de su padre — como fuente de legitimidad tanguera. De Tania, que disimulaba su edad con arte, dijo alguna vez que a la cédula de identidad se la había firmado el comandante Ciriaco Cuitiño, posiblemente en 1838, y que había llegado a América como azafata de una de las carabelas de Colón.

Por qué Gardel no lo grabó

Atenti pebeta es uno de los tangos de Celedonio Flores que los gardelianos más lamentan que el Zorzal no llevara al disco. Gardel grabó 21 temas del Negro Cele — Mano a mano, Margot, El bulín de la calle Ayacucho, Canchero, Pan — pero Atenti pebeta quedó fuera. No hay registro de las razones. La primera versión fonográfica fue la de Alberto Gómez el 10 de octubre de 1929.

Ficha técnica

  • Título: Atenti pebeta
  • Género: Tango
  • Música: Ciriaco Ortiz
  • Letra: Celedonio Flores
  • Año: 1929
  • Primera grabación: Alberto Gómez (10/10/1929)

Grabaciones destacadas

  • Alberto Gómez (10/10/1929) — primera grabación
  • Alfredo De Angelis con Julio Martel (1949)
  • Edmundo Rivero — versión considerada de referencia

Análisis literario

Atenti pebeta es un tango de advertencia con filo humorístico — un género que Celedonio dominaba a la perfección. La voz que habla es la de un zorro viejo que le da consejos a una pebeta del barrio sobre cómo manejarse con los bacanes del centro. Los consejos son un catálogo de las trampas del seductor porteño: los guantes patito, las polainas, los sobretodos con catorce ojales, los bigotitos de catorce líneas que en vez de bigote son un espinel.

El lunfardo espeso de la letra es una marca de Celedonio — el poeta que Gardel definió como alguien que escribía con las palabras del pueblo. Hacete la chitrula, no te le deschaves, que no manye que estás lista al primer tiro de lazo. Son versos que suenan como se habla en el arrabal, no como se escribe en un libro.

La ironía central del tango es que el consejo del zorro viejo también es la descripción de los propios vicios del narrador. El que advierte conoce tan bien las trampas porque alguna vez las usó. Esa ambigüedad — el pícaro que alecciona — es la que le da al tango su particular gracia y su perdurabilidad. No es un tango de amor sino de conocimiento — el conocimiento cínico y afectuoso del mundo del arrabal.


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Así se baila el tango | Historia del tango de Elías Randal y Marvil

La música de uno de los tangos más populares de la Época de Oro nació de una mentira piadosa entre vecinos de barrio. Así se baila el tango tiene letra de Elizardo Martínez Vilas — que firmaba como Marvil — y música de Elías Randal. Pero la historia de cómo se compuso dice mucho más sobre el tango que cualquier análisis formal.

Lo estrenó la orquesta de Ricardo Tanturi con la voz de Alberto Castillo el 4 de diciembre de 1942 — y fue una revolución. Castillo lo cantaba con mímica desaforada, señalando a los bailarines del salón con el dedo, provocando trifulcas en las pistas y vendiendo infinidad de discos. Troilo lo reconoció como el cantor que jamás le erró a una nota.

La historia: la melodía inventada en el momento

El propio Elías Randal contó la anécdota años después. Elizardo Martínez Vilas era vecino de barrio suyo y sabía que había compuesto algunos temas. Un día le trajo una letra para que le pusiera música. Randal la miró, no la vio apta, y le dijo que ya lo haría. Durante semanas, cada vez que se cruzaban, Martínez Vilas le preguntaba cómo iba el tema. Randal respondía que bien — mintiendo.

Un día, para salir del paso, decidió improvisar. Sacó la letra del bolsillo y le tarareó una melodía que se inventó en el momento. Martínez Vilas respondió: ¡Muy lindo!. Esa misma noche fueron a mostrarla a Ricardo Tanturi. El maestro la escuchó y enmudeció. Tenía en mis manos una letra que podía ser un golazo, dijo Tanturi — sobre todo ese desafiante qué saben los pitucos, lamidos y shushetas que sonaba como una provocación directa al público. Una semana después la estrenaron con la orquesta y con Castillo. El éxito fue inmediato y arrasador.

Alberto Castillo: el cantor que hacía bailar

Alberto Castillo — cuyo nombre real era Alberto Salvador De Lucca — nació en Buenos Aires el 8 de agosto de 1914. Estudió medicina y se recibió de médico, pero el tango pudo más. Su forma arrabalera de cantar y gesticular le garantizó la adhesión de las masas populares y de los bailarines desde el primer día. Él mismo lo entendió de inmediato: La muchachada baila con mi canto, ahí descubrí la papa, decía.

Cantó con Tanturi desde 1943 hasta 1945. Cuando lanzaron Así se baila el tango fue una revolución. Castillo comenzaba con un recitado — Una corrida elegante, tras la vuelta una sentada y un ocho bien compadrón — y seguía cantando con picardía y movimientos que acompañaban cada figura de baile descrita en la letra. En los bailes, alentadas por él mismo desde el escenario, solían armarse verdaderas trifulcas entre barras cuando una de ellas se sentía señalada como integrada por lamidos y shushetas — insultos que sonaban gravísimos frente a las compañeras de baile.

Aníbal Troilo lo reconoció como el cantor que jamás le erró a una nota. Después de Tanturi cantó con Alfredo De Angelis, con quien también tuvo gran éxito.

Elías Randal: el músico del barrio

Elías Randal — cuyo nombre verdadero era Elías Rubistein — era el menor de cuatro hermanos, todos dedicados a la enseñanza del arte y todos autores de tangos exitosos. Compositor de barrio, autodidacta, trabajó con varios letristas a lo largo de su carrera. Su colaboración más fecunda fue con Marvil — con quien además de Así se baila el tango compuso otros títulos de difusión. La historia de la melodía improvisada en el momento se convirtió en una de las anécdotas más citadas de la historia del tango.

Marvil: el seudónimo del doble apócope

Elizardo Martínez Vilas nació en Buenos Aires el 24 de noviembre de 1902 y falleció el 8 de mayo de 1976. El seudónimo Marvil era el doble apócope de Martínez Vilas — las primeras sílabas de cada apellido unidas. Escribió durante unos veinte años piezas de mucha difusión. Ricardo García Blaya escribió sobre él que supo interpretar la época que le tocó vivir, con humor y sensibilidad, retratando el paisaje de su juventud con típicas acuarelas llenas de ternura y con el sello de los años cuarenta.

Sus obras más recordadas además de Así se baila el tango son Y sonó el despertador, Se lustra señor — grabado por Ángel Vargas y Alberto Castillo —, La vida me engañó — grabado por Di Sarli con Jorge Durán y por De Angelis con Julio Martel — y Cómo nos cambia la vida con música de Roberto Rufino.

Ficha técnica

  • Título: Así se baila el tango
  • Género: Tango
  • Música: Elías Randal (Elías Rubistein)
  • Letra: Marvil (Elizardo Martínez Vilas)
  • Año: 1942
  • Primera grabación: Ricardo Tanturi con Alberto Castillo (04/12/1942, RCA Víctor Nº 34813-4809)

Grabaciones destacadas

  • Ricardo Tanturi con Alberto Castillo (04/12/1942) — primera grabación y versión de referencia
  • Alfredo De Angelis con Rubén Amendola (versión posterior)

Análisis literario

Así se baila el tango es uno de los pocos tangos que habla del tango desde adentro — no como añoranza ni como filosofía, sino como descripción en tiempo presente de lo que ocurre en la pista. El narrador baila mientras canta, o canta mientras baila: describe el ocho, la corrida, la vuelta, la sentada. Cada figura es una imagen.

La apertura es una declaración de guerra: qué saben los pitucos, lamidos y shushetas. El pituco es el que se cree elegante sin serlo. El lamido es el que cuida demasiado su apariencia. El shusheta es el presumido. Los tres son el anti-bailarín, el que no sabe lo que es el tango. Y frente a ellos está el narrador — con pinta, con silueta, con porte, con arrogancia, con clase para bailar.

El verso más celebrado de la segunda estrofa — cerrando los ojos pa' escuchar mejor, cómo los violines le cuentan al fueye por qué desde esa noche Malena no cantó — es una referencia directa al tango Malena de Homero Manzi y Lucio Demare, que había sido grabado ese mismo año por Tanturi con Castillo. Marvil insertó una cita al tango más popular del momento dentro de un tango sobre el baile del tango. Es un guiño brillante que solo los conocedores podían captar.


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As de cartón | Historia del tango de Luis Viapiana, Juan Manuel González y Roberto Aubriot Barboza

Hay tipos en el tango que son retratos exactos de un personaje real. El guapo que fanfarronea en el boliche, que cuenta proezas que no son suyas, que vive de un grupo que se fue — ese es el protagonista de As de cartón. Un compadrito de cartón pintado, que se cae en cuanto llueve.

Lo compusieron Luis Viapiana y Juan Manuel González con letra de Roberto Aubriot Barboza — el mejor amigo uruguayo de Carlos Gardel. Lo grabó el Zorzal en 1930 con guitarras de Barbieri y Riverol, y quedó como uno de los tangos más precisos del repertorio de guapos caídos.

Roberto Aubriot Barboza: el amigo uruguayo de Gardel

Roberto Ramón Aubriot Barboza nació en Montevideo el 8 de octubre de 1882 y falleció el 11 de enero de 1942. Fue poeta y letrista de tango, y fue también — según todos los testimonios de la época — el mejor amigo que Carlos Gardel tuvo en Uruguay. Cada vez que el Zorzal visitaba Montevideo se instalaba en el departamento de Aubriot en la calle Soriano. Era una amistad de las que se construyen de a poco, en la confianza cotidiana y en el afecto genuino.

Esa amistad tuvo consecuencias musicales directas: la mayoría de los tangos de Aubriot los grabó Gardel. As de cartón y Quimera con música de Viapiana y González; Como la Mosca con música de Alberto Alonso; Juventud con música de Juan Baüer; El quinielero con música de Cluzeau Mortet; e Incurable con música de Guillermo Barbieri. No publicó muchas canciones — pero las que publicó, el Zorzal las llevó al disco.

En 1934, desde Nueva York, Gardel le escribió una carta a su amigo Luis Alberto Zeballos en la que mencionaba a Aubriot y a otros amigos montevideanos con cariño y nostalgia. Un año después moriría en Medellín sin volver a verlos.

Luis Viapiana y Juan Manuel González: el dúo de los tangos de Gardel

Luis Viapiana fue bandoneonista y compositor uruguayo radicado en Argentina. Formó dúo artístico con el guitarrista Juan Manuel González — un dúo que actuó en radios y bailes y que produjo varios tangos exitosos. Con Aubriot como letrista firmaron As de cartón y Quimera, los dos más recordados de su colaboración. Ambos fueron grabados por Gardel, lo que les garantizó una difusión que de otro modo hubiera sido difícil alcanzar.

Viapiana guardó toda su vida el recuerdo de Gardel con emoción. Fue él quien tuvo que anunciar ante el micrófono de Radio CX14 El Espectador de Montevideo la noticia del accidente de Medellín — sobrecogido y alelado, según sus propias palabras. Y fue también quien debió llevar el dinero de la colecta para las viudas de los guitarristas muertos, viviendo de cerca el dolor de quienes habían sido compañeros del Zorzal.

Ficha técnica

  • Título: As de cartón
  • Género: Tango
  • Música: Luis Viapiana / Juan Manuel González
  • Letra: Roberto Aubriot Barboza
  • Año: 1930
  • Primera grabación: Carlos Gardel con guitarras de Barbieri y Riverol (1930)

Análisis literario

As de cartón es un tango de desenmascaramiento — uno de los géneros más queridos por los poetas del arrabal. El narrador presenta a un guapo que se construyó un cartel a base de mentiras: cuenta proezas en el boliche, engrupía giles para chupar de ojo, habla de combates fenomenales en los que siempre fue protagonista. Pero todo es de cartón — frágil, pintado, falso.

La metáfora del as de cartón es perfecta. En los naipes, el as es la carta más alta — el que manda. Pero un as de cartón es una imitación sin valor: tiene la apariencia del poder sin la sustancia. El compadrito del tango es exactamente eso: parece guapo, habla como guapo, gesticula como guapo — pero cuando llega la hora de la verdad, no es nada.

Aubriot construye el personaje con economía y precisión. No hay odio en la letra — hay distancia irónica, la mirada del que ya lo calló bien. El vocabulario es lunfardo puro: grupo, giles, engrupía, chupar de ojo, jerga fulera. Es la lengua del arrabal retratando al arrabal desde adentro.


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Arrabalera | Historia del tango de Sebastián Piana y Cátulo Castillo

Hay tangos que son una autobiografía. Arrabalera fue escrito por Cátulo Castillo por pedido expreso de Tita Merello — que quería un tango que la retratara tal cual era, sin embellecerla ni suavizarla. Cátulo lo escribió con música de Sebastián Piana y el resultado fue uno de los tangos más personales y más fieles al personaje de la historia del género.

Se estrenó en la película del mismo nombre dirigida por Tulio Demicheli, el 25 de abril de 1950. Los versos de Cátulo eran una autopintura de Tita — de su infancia triste, de su modo de ser, de su chamuyo arrabalero, de su manera de deschavarse sin rencores ni arrepentimientos. No conoció a su padre, que murió antes de que ella cumpliera un año. Creció en el conventillo, en la calle, en el arrabal. Y el tango lo decía sin rodeos: arrabalera, yo soy propia hermana entera de Chiclana y compadrón.

La historia: Tita le pide su tango a Cátulo

La anécdota la contó el propio testigo — un periodista que compartió mesa con Tita Merello en un bar de la editorial Perfil, años después del estreno de la película. Tita le explicó que había hablado con Cátulo y le había pedido que escribiera el tango exclusivamente para ella. Cátulo aceptó. Lo haría para la película Arrabalera, dirigida por Tulio Demicheli sobre guión de Ulises Petit de Murat y Demicheli, basada en la obra Un tal Servando Gómez de Samuel Eichelbaum.

El estreno fue el 25 de abril de 1950 en Buenos Aires, con Tita Merello, Santiago Gómez Cou y Mario Fortuna como actores principales. El tango fue el leit motiv de la película y de su protagonista — una mujer del arrabal que no se disculpa por serlo. La música de Piana hacía restallar aún más la letra desafiante de Cátulo.

Cátulo Castillo: el poeta del barrio y la nostalgia

Ovidio Cátulo González Castillo nació el 6 de agosto de 1906 en Buenos Aires. Su padre José González Castillo fue dramaturgo y anarquista — tan anarquista que quiso inscribir al recién nacido en el Registro Civil como Descanso Dominical González Castillo. El empleado se negó. Los amigos intervinieron para evitar que llegaran a los golpes. El niño quedó registrado como Cátulo. En 1910, cuando la familia tuvo que exiliarse en Valparaíso por razones políticas, el futuro poeta tenía cuatro años.

A su regreso a Buenos Aires los González Castillo se instalaron en Boedo 1060, el barrio que marcaría para siempre la sensibilidad de Cátulo. Estudió violín y piano. A los 17 años compuso su primer tango, Organito de la tarde, que presentó en el concurso de la Casa Max Glucksmann y ganó el tercer premio. En ese concurso participaban Canaro, Lomuto y Filiberto.

A los 17 también practicaba boxeo y llegó a ser campeón argentino de peso pluma y preseleccionado para las Olimpíadas de Amsterdam. En 1926 viajó a Europa con su padre. En 1928 se reencuentró en París con Carlos Gardel — al que conocía de las comilonas en la casa paterna — y el Zorzal le grabó ocho tangos a lo largo de su carrera.

En los años cuarenta llegaron sus versos más famosos, casi siempre en colaboración con sus dos grandes socios: Sebastián Piana — Tinta roja, Caserón de tejas, Arrabalera — y Aníbal Troilo — María, La última curda, Desencuentro, A Homero. Fue director del Conservatorio Municipal Manuel de Falla y presidente de SADAIC. La Revolución Libertadora de 1955 lo privó de todos sus cargos y prohibió que se pasaran sus tangos por radio. Murió el 19 de octubre de 1975. Tenía 69 años.

Sebastián Piana: el músico de Boedo

Sebastián Piana nació el 19 de julio de 1903 en Buenos Aires y murió el 14 de febrero de 1995. Fue pianista, compositor y el artífice de la renovación de la milonga en los años treinta junto a Homero Manzi — Milonga del 900, Milonga triste, Milonga sentimental. Con Cátulo Castillo formó una de las duplas más fecundas del tango, dejando obras como Tinta roja, Caserón de tejas y Arrabalera. En el barrio de Boedo convivió con Cátulo y con Pedro Maffia — tocaban juntos en locales del barrio, con Elena Piana en los cantos y Homero Manzi en los recitados. Tenía una musicalidad singular que combinaba el lirismo popular con la elaboración armónica.

Ficha técnica

  • Título: Arrabalera
  • Género: Tango
  • Música: Sebastián Piana
  • Letra: Cátulo Castillo
  • Año: 1950
  • Estreno: Película Arrabalera, dir. Tulio Demicheli (25/04/1950)
  • Intérprete original: Tita Merello

Grabaciones destacadas

  • Tita Merello — versión original y definitiva, banda de sonido de la película
  • Susana Rinaldi — versión de referencia posterior

Análisis literario

Arrabalera es una declaración de identidad — rara en el tango, que prefiere la queja o la nostalgia a la afirmación orgullosa. La voz que habla no se lamenta de ser del arrabal: lo proclama. Arrabalera, yo soy propia hermana entera de Chiclana y compadrón — la referencia a la calle Chiclana ubica exactamente el territorio, el sur, el barrio de Boedo que Cátulo conocía de memoria.

El tango retrata a una mujer que no tiene vergüenza de lo que es — que muestra sus raíces sin decorarlas. En eso se diferencia de otros tangos de mujer del arrabal donde el personaje femenino es víctima o se lamenta. La Arrabalera de Cátulo está de pie, sin pedir disculpas.

Cátulo escribió la letra como un retrato de Tita, pero también como un retrato de sí mismo — de esa nostalgia por el arrabal que atraviesa toda su obra desde Tinta roja hasta A Homero. La pregunta que se hace en Tinta roja — ¿dónde estará mi arrabal, quién se robó mi niñez? — tiene su respuesta en Arrabalera: el arrabal está en quien lo lleva adentro y lo declara sin vergüenza.


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