Cantando | Historia del tango de Mercedes Simone
Cantando es un tango con música y letra de Mercedes Simone — una de las pocas piezas del cancionero rioplatense de la Época de Oro donde una mujer es autora completa de su propio tango. La letra construye una identidad entera a través del canto: la protagonista encontró el amor cantando, cantando lo perdió, y "cantando he de morir". El canto no es solo forma de expresión sino el hilo que articula toda su historia afectiva y el único modo que tiene de sobrevivir al desamor.
La apelación a la Virgen en la tercera estrofa — pidiéndole perdón por querer tanto y rogándole que le devuelva al hombre perdido — le da a la pieza una dimensión de intimidad religiosa y vulnerabilidad que la distingue dentro del repertorio de tangos de amor del período.
Ficha técnica
- Título: Cantando
- Género: Tango
- Música y letra: Mercedes Simone
- Registro: Tango de amor y pérdida / autoría femenina completa
Mercedes Simone: la Dama del Tango
Mercedes Simone (1904–1990) fue una de las cantantes y compositoras más importantes de la historia del tango argentino. Apodada "la Dama del Tango", fue pionera en un mundo dominado por hombres — no solo como intérprete sino como autora de sus propias canciones, en una época en que esa doble condición era excepcional para una mujer.
Nacida en La Plata, desarrolló su carrera en Buenos Aires desde los años 20 y alcanzó su pico de popularidad en las décadas del 30 y 40, grabando con los sellos más importantes de la época y actuando en radios, teatros y cines. Su voz cálida y su fraseo expresivo la convirtieron en una referencia ineludible del canto popular rioplatense.
A diferencia de la mayoría de las cantoras de su tiempo, Simone no solo interpretaba tangos escritos por otros sino que componía los propios, con una autoría que abarcaba tanto la música como la letra. "Cantando" es uno de los ejemplos más claros de esa capacidad creadora integral.
Análisis literario: el canto como destino
La estructura del tango es la de una confesión organizada alrededor de un solo eje: el canto. La primera estrofa establece la pérdida — "ya no tengo la dulzura de sus besos" — y la soledad del presente. La segunda introduce la ambivalencia emocional del desamor con una precisión notable: "hay momentos que no sé lo que me pasa, / tengo ganas de reír y de llorar". Celos, miedo, amor irremediable — todo en cuatro versos.
El estribillo es el corazón conceptual de la pieza. En tres versos paralelos construye toda una poética del canto como destino: "cantando lo encontré, cantando lo perdí, / porque no sé llorar cantando he de morir". El canto reemplaza al llanto — la protagonista no puede hacer lo que haría cualquier persona dolida, solo puede cantar su dolor. Es una condena y una vocación al mismo tiempo.
La tercera estrofa introduce la dimensión religiosa con una simplicidad que la hace más poderosa: la protagonista le pide perdón a la Virgen por querer tanto, como si el amor excesivo fuera un pecado que necesita absolución. Y le pide que le devuelva al hombre que perdió "tan pronto y sin motivo" — esa última frase, sin explicaciones, deja abierta la herida sin cerrarla con narrativa.
El cierre regresa al amor sin condiciones: "yo lo quiero tanto y tanto que me muero / si me faltan las caricias de su amor". La hipérbole del morir de amor, tan frecuente en el cancionero popular, aquí se enlaza con el "cantando he de morir" del estribillo para dar coherencia total a la imagen: una mujer que vive y muere cantando, sin otra forma de estar en el mundo.
Las mujeres en el tango de la Época de Oro
El tango de la primera mitad del siglo XX fue un género dominado por voces y plumas masculinas. Las cantoras existían — y algunas fueron muy populares — pero la autoría era casi exclusivamente masculina. En ese contexto, Mercedes Simone representa una anomalía valiosa: una mujer que no solo canta sino que escribe lo que canta, construyendo una perspectiva femenina desde adentro del género en lugar de interpretar la mirada masculina sobre la mujer.
"Cantando" es un tango escrito desde la primera persona femenina por una mujer, lo que le da una autenticidad particular: el dolor, los celos, el ruego a la Virgen y la incapacidad de llorar sin cantar son de alguien que habla de su propia experiencia, no de quien imagina la de otro.




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