El tango: historia completa desde sus orígenes hasta hoy
El tango es la música más porteña que existe y una de las expresiones culturales más reconocibles del mundo. Nació a fines del siglo XIX en los márgenes de Buenos Aires — en los conventillos del sur, en los almacenes de campaña, en los prostíbulos de las orillas — como una mezcla de candombe africano, habanera antillana, milonga y zarzuela española. Nadie lo inventó: fue creciendo solo, empujado por la necesidad de expresión de una ciudad de inmigrantes que se buscaba a sí misma.
En 2009 la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Pero mucho antes de ese reconocimiento oficial, el tango ya había conquistado París, emocionado a los japoneses, seducido a los finlandeses y vuelto a Buenos Aires consagrado como símbolo de una identidad que en su propio origen nunca quiso pertenecer a nadie.
Los orígenes: el prototango (1880-1900)
Los primeros tangos sonaron en el sur de Buenos Aires — en el barrio de San Telmo, en La Boca, en Barracas — hacia finales del siglo XIX. No se llamaban tangos todavía. Eran músicas sin nombre que mezclaban el candombe de los descendientes de esclavos africanos, la habanera llegada de Cuba, la milonga campera y el ritmo de la zarzuela española. Los músicos eran anónimos. Los escenarios eran los prostíbulos y los conventillos donde la guitarra, la flauta y el violín formaban el primer trío tanguero.
El conventillo era el gran crisol. En esos patios compartidos convivían italianos de Génova, españoles de Galicia, judíos del Este europeo, criollos del interior, negros descendientes de esclavos y gauchos llegados del campo. Cada uno traía su música. Lo que salió de esa mezcla fue el tango — la música de nadie que terminó siendo la música de todos.
La lengua del tango fue el lunfardo: el argot de la delincuencia menor y el suburbio porteño, que mezcla términos del italiano, el español y el caló gitano. Una credencial de pertenencia al mundo de los márgenes que con el tiempo se volvió el idioma poético del género.
La Guardia Vieja (1900-1920): el tango toma forma
La Guardia Vieja es el período en que el tango adquiere identidad propia y comienza a ser registrado por músicos profesionales. El primer instrumento que lo definió fue la flauta; luego el violín; finalmente el bandoneón — el instrumento que llegaría a ser inseparable del género, traído de Alemania y adoptado por las orillas rioplatenses hasta hacerse más porteño que cualquier cosa.
Las figuras fundamentales de este período son Ángel Villoldo — el primer letrista del tango, autor de El choclo y La morocha —, Eduardo Arolas — el Tigre del bandoneón —, Agustín Bardi — el poeta del tango instrumental —, Francisco Canaro, Roberto Firpo y Juan Maglio Pacho. El tango canyengue de la Guardia Vieja se bailaba con cortes y quebradas, abrazado, con el varón marcando y la mujer respondiendo en un diálogo corporal que escandalizaba a la sociedad bien.
En 1901 comenzaron las primeras grabaciones de músicos argentinos. En 1913 el tango llegó a París y se convirtió en la moda de la temporada — lo que era el ritual de consagración para cualquier expresión popular argentina. Cuando París bailó el tango, Buenos Aires lo adoptó oficialmente. Las familias que antes lo prohibían empezaron a tolerarlo en sus salones.
Carlos Gardel y el tango canción (1917-1935)
En 1917 ocurrió algo que cambió para siempre la historia del tango: Pascual Contursi le puso letra a la música de Lita de Samuel Castriota y nació Mi noche triste — el primer tango canción. Carlos Gardel lo grabó y el tango dejó de ser solo música para bailar: se convirtió en relato, en poesía, en confesión.
Gardel — el Zorzal Criollo — había nacido probablemente en Toulouse, Francia, en 1890, y llegó de niño a Buenos Aires con su madre Berta. Creció en el barrio del Abasto, junto al Mercado. Formó dúo con José Razzano desde 1911 y durante una década recorrió el país cantando canciones criollas y primeros tangos. Cuando empezó a cantar en solitario, su voz — un tenor lírico de timbre inconfundible — se convirtió en el modelo de todos los cantores que vinieron después.
Gardel triunfó en París, filmó películas en Hollywood y Nueva York junto al letrista Alfredo Le Pera, y se convirtió en el primer ídolo popular de masas de la Argentina. El 24 de junio de 1935 murió en un accidente aéreo en Medellín, Colombia, en el cénit de su carrera. Tenía 44 años. Su muerte completó el círculo de la mitología: cada día canta mejor dice el refrán porteño, porque los muertos jóvenes en la cumbre no envejecen nunca.
La Guardia Nueva y la revolución de Julio De Caro (1920-1940)
La Guardia Nueva nació alrededor de 1924 con la creación de la Orquesta Típica de Julio De Caro — el punto de inflexión que los historiadores del tango señalan como el comienzo de una nueva era. De Caro introdujo arreglos orquestales complejos, diferenciación de estilos y una elaboración musical que transformó el tango en un arte de cámara sin perder su carácter popular.
En esta época se consolida también la figura de Juan Carlos Cobián — el Chopin del tango —, que junto a Enrique Cadícamo creó el tango-romanza: Nostalgias, Los mareados, Niebla del Riachuelo, La casita de mis viejos. Y emergen los grandes poetas: Celedonio Flores con su lunfardo espeso, Enrique Cadícamo con su melancolía elegante, Homero Manzi con su mirada lírica del arrabal.
En la radio — que se masificó desde 1930 — el tango encontró su vehículo de difusión masiva. Y en el sainete teatral tuvo otro escenario: Alberto Vaccarezza escribió las letras de tangos que primero sonaban en el Teatro Nacional y luego llenaban las calles de Buenos Aires.
La Edad de Oro (1940-1955): el tango en su cima
La década del cuarenta fue el momento de mayor esplendor del tango. Las grandes orquestas dominaban la escena: Aníbal Troilo, Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo, Rodolfo Biagi, Ricardo Tanturi, Florindo Sassone, Miguel Caló, Alfredo De Angelis, Ángel D'Agostino. Buenos Aires tenía más de dos mil milongas activas. El tango se bailaba en los clubes de barrio, en los cabarets del centro y en los salones de los hoteles de lujo.
Cada orquesta tenía un sonido propio e inconfundible. Troilo — Pichuco — era el maestro de la emoción y la síntesis, el más querido por músicos y público. Di Sarli era la elegancia absoluta, el sonido sedoso del piano al frente de los violines. D'Arienzo era el Rey del Compás, el que hacía bailar. Pugliese era la profundidad y la complejidad armónica, el tango como forma de pensamiento.
Los cantores de la Edad de Oro son también inigualables: Alberto Marino, Raúl Berón, Alberto Podestá, Roberto Rufino, Ángel Vargas, Floreal Ruiz, Francisco Fiorentino, Edmundo Rivero. Y las grandes voces femeninas: Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Ada Falcón, Rosita Quiroga.
La Generación Romántica del Cuarenta renovó también la poesía del tango: Homero Manzi — el más lírico de todos —, Homero Expósito — la sorpresa de Zárate —, Cátulo Castillo — el poeta de la melancolía —, José María Contursi — el mayor poeta sentimental del género. Sus letras eran más elaboradas, más literarias, menos lunfardescas que las anteriores — y por eso llegaron a públicos nuevos sin perder a los de siempre.
Astor Piazzolla y el Nuevo Tango (1955-1992)
En 1955 Astor Piazzolla disolvió su orquesta típica y formó el Octeto Buenos Aires. Lo que vino después fue una revolución que dividió al tango en dos bandos durante décadas: los que pensaban que Piazzolla había traicionado el género y los que pensaban que lo había salvado.
Piazzolla había nacido en Mar del Plata en 1921 y pasado su infancia en Nueva York, donde absorbió el jazz y el tango de Gardel. Estudió con Nadia Boulanger en París, quien le dijo que su voz era el bandoneón y que debía seguir por ese camino. Lo que hizo con esa libertad fue crear el Nuevo Tango: complejo armónicamente, influido por el jazz y la música clásica contemporánea, compuesto para ser escuchado más que para ser bailado.
Su asociación con el poeta uruguayo Horacio Ferrer produjo obras que cambiaron el tango para siempre: Balada para un loco — estrenada en el Luna Park en 1969 en medio de un escándalo que la convirtió en éxito inmediato —, Balada para mi muerte, Chiquilín de Bachín, María de Buenos Aires. El tango cruzó fronteras que nunca había cruzado: los festivales de música contemporánea de Europa, los grandes teatros de Asia, el repertorio de músicos clásicos de todo el mundo.
El tango hoy: Patrimonio de la Humanidad
En 2009 la UNESCO declaró al tango Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad — una distinción compartida entre Argentina y Uruguay que reconoce al género como bien cultural de valor universal. La milonga vive en Buenos Aires con una vitalidad asombrosa: miles de bailarines se reúnen cada semana en salones que van desde los grandes palacios del centro hasta los clubes de barrio más modestos.
El tango fusión mezcla el género con el jazz, la electrónica, el folklore y la música contemporánea. Nuevas generaciones de músicos — Gotan Project, Bajofondo, orquestas jóvenes como La Orquesta Típica Fernández Fierro — encontraron en el tango un lenguaje que no necesita ser conservado en naftalina para ser auténtico.
Pero el tango clásico sigue siendo insustituible. Las grabaciones de Troilo, Di Sarli, Pugliese y D'Arienzo suenan en las milongas de todo el mundo. Las letras de Manzi, Cadícamo, Expósito y Contursi siguen emocionando a quienes las escuchan por primera vez. El tango es una música que envejece al revés: cuanto más se conoce, más honda se vuelve.
Las grandes figuras del tango: músicos, cantores y poetas
Músicos directores: Francisco Canaro, Roberto Firpo, Juan Maglio Pacho, Julio De Caro, Juan Carlos Cobián, Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli, Juan D'Arienzo, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Rodolfo Biagi, Ricardo Tanturi, Miguel Caló, Alfredo De Angelis, Florindo Sassone, Enrique Francini, Armando Pontier, Leopoldo Federico, Astor Piazzolla.
Cantores: Carlos Gardel, Ignacio Corsini, Alberto Gómez, Francisco Fiorentino, Ángel Vargas, Alberto Marino, Raúl Berón, Alberto Podestá, Roberto Rufino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Alberto Castillo, Roberto Goyeneche, Julio Sosa, Raúl Lavié.
Cantoras: Rosita Quiroga, Mercedes Simone, Ada Falcón, Libertad Lamarque, Tita Merello, Nelly Omar, Virginia Luque, Amelita Baltar.
Poetas y letristas: Ángel Villoldo, Pascual Contursi, Celedonio Flores, Francisco García Jiménez, Alberto Vaccarezza, Juan Andrés Caruso, Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo, José María Contursi, Homero Expósito, Horacio Ferrer.
Tangos y milongas para escuchar y conocer
En este blog encontrarás la historia de centenares de tangos, milongas y valses del cancionero rioplatense. Cada entrada cuenta el origen de la obra, la historia de sus autores, el contexto histórico y el análisis literario de la letra. Una enciclopedia viva del tango porteño.
Tangos famosos:
- A pan y agua | Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo (1919)
- A mí no me den consejos | Canaro, Riccardi y Caruso (1930)
- A mi madre (Con los amigos) | Gardel, Razzano y Almafuerte (1918)
- A Medianoche | Juan Maglio y Enrique Dizeo (1926)
- Atenti pebeta | Ciriaco Ortiz y Celedonio Flores (1929)
- Atorrante | Raúl de los Hoyos y Alberto Vaccarezza (1929)
- Audacia | Hugo La Rocca y Celedonio Flores (1925)
- Ave de paso | Charlo y Enrique Cadícamo (1937)
- Bailarín compadrito | Miguel Bucino (1929)
- Bailemos | Pascual Mamone y Reinaldo Yiso (1955)
- Bailate un tango Ricardo | Juan D'Arienzo y Ulises Petit de Murat (1966)
- Balada para mi muerte | Astor Piazzolla y Horacio Ferrer (1969)
- Balada para un loco | Astor Piazzolla y Horacio Ferrer (1969)
- Bajo Belgrano | Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez (1926)
- Bandoneón arrabalero | Juan Bautista Deambroggio y Pascual Contursi (1928)
Milongas famosas:
- Azúcar, pimienta y sal | Ernesto Rossi, Héctor Varela y Abel Aznar (1973)
- Azabache | Francini, Stamponi y Homero Expósito (1942)
- Baldosa floja | Florindo Sassone, Bocazzi y Dante Gilardoni (1957)
- Betinotti | Sebastián Piana y Homero Manzi (1939)
Valses famosos:
- Ausencia | Gardel, Razzano y Francisco Bianco (1920)
- Bajo un cielo de estrellas | Francini, Stamponi y José María Contursi (1941)
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