Azúcar, pimienta y sal | Historia de la milonga de Ernesto Rossi, Héctor Varela y Abel Aznar
Hay milongas que retratan el amor con una exactitud que ningún poema solemne podría alcanzar. Azúcar, pimienta y sal es la declaración de un hombre que ama a una mujer exactamente como es — rebelde y angelical, con su cabecita hueca, con sus sueños de papel, siempre en la luna. No hay reproche ni intención de cambiarla. Solo la celebración de una mezcla que no tiene nombre mejor que esos tres sabores: azúcar, pimienta y sal.
La compusieron juntos Ernesto "Titi" Rossi y Héctor Varela, con letra de Abel Aznar. La estrenó la orquesta de Varela en 1973 con las voces de Fernando Soler y Jorge Falcón en un dúo que se convirtió en uno de los grandes éxitos de la historia reciente del tango.
El momento en que nació la milonga
Un testimonio anónimo pero precioso quedó registrado en la web: yo tenía 17 años cuando compusieron este temazo en lo de Titi Rossi en la calle Loria 743; venían Silvio Soldán y Héctor Varela y Titi con su piano compusieron este tango, yo sentado en el umbral de la puerta escuchando esta obra. No hay mejor descripción del tango como música que nace en la mesa de un amigo, con el piano, sin que nadie lo esté grabando todavía.
Ernesto "Titi" Rossi: el arreglista de Guaminí
Ernesto Ovidio Rossi nació el 8 de diciembre de 1916 en Guaminí, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de músicos. Su padre era director de orquesta y le enseñó música desde niño: a los 10 años ya tocaba violín y trompeta. Más adelante eligió el bandoneón. A los 21 años viajó a Buenos Aires con su hermano Carlos, que era cantante, y pronto obtuvo trabajo como bandoneonista en la orquesta estable de Radio Belgrano bajo la dirección de Mario Maurano.
En 1956 comenzó su larga asociación con Héctor Varela, primero como arreglista y luego como compositor. En 1958 debutó con su propio conjunto en Radio El Mundo con los cantores Alfredo Dalton y Luis Correa, actuando en confiterías como La Armonía de Corrientes y la Richmond de Esmeralda, y en locales de baile como el Palacio Güemes y el Salón La Argentina. En 1960 viajó con Alberto Marino a Estados Unidos y permaneció ocho años, actuando en diversos escenarios incluyendo el Auditorio de las Naciones Unidas. A su regreso en 1968 se dedicó a la enseñanza y a los arreglos para Varela. Falleció el 6 de mayo de 1985.
Azúcar, pimienta y sal es posiblemente su obra de mayor difusión. Junto a ella se recuerdan el vals Así bailaban mis abuelos (con Varela y Silvio Soldán), el tango No me hablen de ella (gran éxito de Varela con Rodolfo Lesica) y Bien bohemio (con Juan Pomati).
Héctor Varela: el Rey del Baile
Salustiano Paco Varela nació el 29 de enero de 1914 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Bandoneonista, director de orquesta y compositor, formó su propia orquesta en 1952 y se convirtió en uno de los más populares directores del tango en las décadas de 1950 y 1960. Su estilo era rítmico, bailable y accesible — lo que la prensa llamó el Rey del Baile. Sus cantores más recordados fueron Rodolfo Lesica y, en la etapa de los años 70, el dúo Jorge Falcón y Fernando Soler. Falleció el 30 de enero de 1987.
Abel Aznar: el rey de la rima
Abel Aznar fue uno de los letristas más prolíficos del tango argentino. Luis Grinóvero lo llamó el rey de la rima por su facilidad para escribir versos notablemente rimados que además eran accesibles para el público. Colaboró con músicos como Carlos Di Sarli, Luciano Leocata, Manuel Sucher y Héctor Varela. Entre sus letras más recordadas están En el corsito del barrio (gran éxito de Julio Sosa con Pontier), Lo que vos te merecés y Y no puedo olvidarte. Azúcar, pimienta y sal es su obra más difundida.
Ficha técnica
- Título: Azúcar, pimienta y sal
- Género: Milonga
- Música: Ernesto "Titi" Rossi / Héctor Varela
- Letra: Abel Aznar
- Año: 1973
- Primera grabación: Héctor Varela con Jorge Falcón y Fernando Soler (1973, sello Microfón)
Análisis literario
Azúcar, pimienta y sal es una milonga de amor incondicional — un género poco frecuente en el tango, que prefiere el amor doliente, traicionado o perdido. La letra de Aznar celebra a una mujer no a pesar de sus defectos sino gracias a ellos. La cabecita hueca, los sueños de papel, estar siempre en la luna — en lugar de ser motivos de queja son los rasgos que la hacen irreemplazable.
El título resume esa filosofía con una imagen sensorial perfecta. El azúcar es la ternura, la dulzura. La pimienta es el carácter, el chispazo, lo que pica. La sal es lo esencial, lo que da sabor real a todo. Una mujer con las tres cosas no puede ser aburrida ni predecible — y eso es exactamente lo que el narrador celebra.
La milonga como género es naturalmente más alegre y rítmica que el tango. Aznar aprovecha esa ligereza para construir una declaración de amor que en el tango sonaría demasiado festiva. En la milonga suena perfectamente natural. El ritmo vivaz de Rossi y Varela acompaña una letra que baila tanto como los pies en la pista.
También puede interesarte:
Publicar un comentario