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A cielo partido | Historia del tango de Marta Pizzo sobre Buenos Aires y la identidad porteña

A cielo partido es un tango con música y letra de Marta Pizzo que interpela directamente a Buenos Aires como ciudad viva amenazada por el avance del hormigón, la especulación inmobiliaria y el olvido de la identidad. La voz poética le habla a la ciudad en segunda persona — "a mi ciudad", "a vos", "Ay Buenos Aires" — como quien le habla a un ser querido en peligro, y cierra con una promesa de resistencia cultural: "mi voz será quien te haga resistir".

Es una de las pocas piezas del cancionero rioplatense contemporáneo que asume explícitamente el tango como herramienta de defensa de la identidad urbana frente a la transformación irreversible de la ciudad.

Ficha técnica

  • Título: A cielo partido
  • Género: Tango contemporáneo / tango político
  • Música y letra: Marta Pizzo
  • Registro: Tango de identidad urbana / canto de resistencia cultural

Marta Pizzo: compositora y letrista

En este tango, Marta Pizzo firma tanto la música como la letra, mostrando una dimensión diferente de su trabajo respecto de piezas anteriores escritas en colaboración. El resultado es una obra de gran coherencia interna: la misma sensibilidad que convierte el habla cotidiana en poesía aparece aquí volcada hacia un tema colectivo — la ciudad, su memoria, su identidad — con una urgencia que no estaba presente en sus tangos más intimistas.

Análisis literario: la ciudad como ser vivo

La decisión más importante de la letra es tratar a Buenos Aires como un interlocutor vivo al que se puede hablar, consolar y defender. "A mi ciudad le están prohibiendo todo el cielo" — el verbo "prohibir" aplicado al cielo es una imagen de una precisión devastadora: los edificios no tapan el cielo, se lo prohíben, como quien ejerce una autoridad ilegítima sobre algo que debería ser de todos.

Las imágenes de la primera parte acumulan el daño con ritmo eficaz: los monstruos de hierro oxidados en el pecho, el arco iris saqueado, los pájaros que se van, el verde que se hace humo, el sol mordido por la urbanización. No es un inventario abstracto sino una lista de pérdidas concretas y físicas que cualquier habitante de Buenos Aires puede reconocer.

La segunda estrofa introduce una imagen particularmente lograda: "en cada ochava llora el duende de un buzón". La ochava — el ángulo cortado característico de las esquinas porteñas — y el buzón — objeto urbano en desuso, símbolo de la comunicación analógica que desapareció — se combinan en una imagen de melancolía urbana que condensa décadas de transformación en un solo verso.

El puente central cambia el registro: de la denuncia pasa a la promesa. La voz le dice a la ciudad que no tenga miedo, que hay "brazos bien alerta", que "somos tu vuelo, aquel tejido de un abuelo, un poco origen, un poco inmigración". La referencia a la inmigración es fundamental: Buenos Aires es una ciudad construida por inmigrantes, y su identidad cultural es inseparable de esa historia de mezcla y arraigo.

El cierre es una declaración de resistencia sin ambigüedad: "entre pilares, pavimentos, tabiques y tormentos / mi voz será quien te haga resistir". La repetición del verso final duplica el peso de la promesa y convierte al tango mismo en el acto de resistencia que anuncia.

El tango como defensa de la identidad urbana

El tango siempre tuvo una relación privilegiada con Buenos Aires como ciudad. Desde las evocaciones de barrios y esquinas de la Guardia Nueva hasta los tangos de Homero Manzi sobre el Sur y el puente Alsina, el género funcionó como archivo sonoro de la ciudad y sus transformaciones. Pizzo se inscribe en esa tradición pero desde una perspectiva explícitamente política: no lamenta el barrio perdido en abstracto sino que identifica una amenaza concreta — la especulación inmobiliaria, el hormigón, el olvido institucional de la identidad cultural — y propone al tango como respuesta activa.

Esta postura — el tango como resistencia y no solo como nostalgia — lo conecta con la corriente del tango político argentino que tuvo en Piazzolla, Cedrón y Marta Pizzo algunos de sus exponentes más lúcidos.

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