Araca corazón | Historia del tango de Enrique Delfino y Alberto Vaccarezza
El 11 de marzo de 1927 se estrenó en el Teatro Nacional el sainete Cortafierro, de Alberto Vaccarezza. Entre los temas del espectáculo estaba Araca corazón, con música de Enrique Delfino y letra del propio Vaccarezza. Lo cantó aquella noche Libertad Lamarque — la misma cantante que ese mismo año debutaría en las tablas con Atorrante en El conventillo de la paloma. Gardel lo grabó ese mismo año de 1927 y el tango entró al cancionero popular para quedarse.
La dupla Delfino-Vaccarezza era una de las más fecundas del tango de los años veinte. Juntos habían firmado La copa del olvido, Padre nuestro, No le digas que la quiero, Talán talán y varios más. Araca corazón fue la sexta obra que Gardel les grabó.
La dupla Delfino-Vaccarezza
Enrique Delfino y Alberto Vaccarezza formaron una de las sociedades autorales más productivas del tango de los años veinte. El encuentro de dos mundos que parecían distantes — el virtuoso pianista nacido en la confitería del Politeama y el sainetero de Almagro que retrató el conventillo como nadie — produjo una serie de tangos que el público recibió con entusiasmo desde el primer día.
El primer resultado fue La copa del olvido en 1921 — que Gardel grabó en 1922 en una versión memorable. Luego vinieron Eche otra caña pulpero (1923), Padre nuestro (1923), Francesita (1924), No le digas que la quiero (1924), Talán talán (1924) y Araca corazón (1927). Cada uno de estos tangos pasó por la voz de Gardel, y esa cadena de grabaciones consolidó a la dupla como referencia del tango de la época.
Alberto Vaccarezza: el sainete y el tango
Bartolomé Ángel Venancio Alberto Vaccarezza nació el 1 de abril de 1886 en el barrio de Almagro. Fue compañero de colegio de Armando Discépolo — una coincidencia que marcaría a ambos, ya que los dos enfocaron su mirada en los huéspedes de los conventillos e inquilinatos donde la inmigración pobre vivía hacinada. Donde Discépolo fue trágico y filosófico, Vaccarezza fue cómico y compasivo — pero los dos retratan el mismo mundo.
Fue el máximo exponente del sainete porteño argentino. Sus obras más célebres — El conventillo de la paloma, Tu cuna fue un conventillo, El corralón de mis penas — tuvieron centenares de representaciones y algunas fueron adaptadas al cine. Amigo personal de Carlos Gardel, despidió sus restos en el Cementerio de la Chacarita. Fue presidente de Argentores y de la Casa del Teatro. El crítico Jaime Potenze escribió sobre él que era el autor más popular que había dado el país. Murió el 6 de agosto de 1959 en Buenos Aires, en la pobreza absoluta — donando siempre lo que tenía.
Gardel le grabó 13 temas en total. Con Delfino firmó los de mayor difusión. Con Juan de Dios Filiberto hizo Botines viejos y La canción. Con Raúl de los Hoyos, El carrerito y Atorrante.
Enrique Delfino: el Politeama y el mundo
Enrique Pedro Delfino nació en Buenos Aires en el corazón de la calle Corrientes, hijo de los dueños de la confitería del Teatro Politeama. Pasó su infancia entre actores, poetas y músicos. Sus padres lo enviaron a estudiar a Turín. De regreso se escapó a Montevideo donde debutó como clown musical y fue el fantasista del piano que hacía reír al público con el seudónimo de Delfy. Fue uno de los creadores del tango-romanza junto a Juan Carlos Cobián. Descubrió a Azucena Maizani y a Sofía Bozán. Compuso alrededor de trescientos temas y Gardel le grabó 26. El crítico Pompeyo Camps lo llamó el George Gershwin argentino.
Ficha técnica
- Título: Araca corazón
- Género: Tango
- Música: Enrique Delfino
- Letra: Alberto Vaccarezza
- Año: 1927
- Estreno: Sainete Cortafierro, Teatro Nacional, 11 de marzo de 1927 — Libertad Lamarque
- Primera grabación: Carlos Gardel (1927)
Grabaciones destacadas
- Carlos Gardel (1927) — primera grabación
- Aníbal Troilo con Francisco Fiorentino (1941)
- Aníbal Troilo con Jorge Casal (1952) — versión muy celebrada
- Alberto Mancione con Jorge Ledesma (29/06/1951)
Análisis literario
Araca corazón usa el mismo recurso que Araca la cana de Delfino y Rada — la voz de alarma del lunfardo dirigida ahora no a la policía sino al corazón propio. El narrador se advierte a sí mismo: cuidado, corazón, no te dejes engañar otra vez.
Es el tango de la segunda oportunidad negada — o de la sabiduría que llega demasiado tarde. La mujer que traicionó o abandonó puede volver, puede pedir otra chance, puede prometer lo que ya prometió antes. Y el narrador, que la conoce, le dice a su propio corazón que no se deje llevar. La letra de Vaccarezza trabaja con la tensión entre lo que el narrador sabe con la cabeza y lo que el corazón quiere hacer de todas formas.
Vaccarezza usa el lunfardo con la soltura del sainetero habituado a ponérselo en la boca a sus personajes. No es el lunfardo de exhibición sino el de la conversación — el que suena natural porque es la lengua en que ese hombre piensa.
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