Araca la cana | Historia del tango de Enrique Delfino y Mario Rada
El 19 de mayo de 1933 se estrenaba en el cine Astor de Buenos Aires la película Los tres berretines — considerada el primer filme argentino exitoso del cine sonoro. Luis Sandrini hacía de un joven que se pasaba toda la película silbando la melodía de un tango que recién lograban concluir al final. Esa melodía era la de Araca la cana, con música de Enrique Delfino y letra de Mario Rada. En la escena donde el tango se estrenaba, el cantor Luis Díaz era acompañado por un trío que incluía a un jovencísimo Aníbal Troilo en bandoneón.
Tres semanas después, el 12 de junio de 1933, Carlos Gardel lo grabó con cuatro guitarras. El tango quedó consagrado para siempre.
Los tres berretines: el primer cine sonoro argentino
La película fue producida por el sello Lumiton — los mismos fundadores que años antes habían impulsado el nacimiento de la radiotelefonía en la Argentina — sobre la obra de teatro homónima de Arnaldo Malfatti y Nicolás de las Llanderas. La dirigió Enrique Telémaco Susini. El argumento gira en torno a los tres grandes berretines — pasiones — de los porteños: el tango, el fútbol y el turf. Actuaban Luis Sandrini, Luis Arata, Benita Puértolas, Ana May, Osvaldo Fresedo y varios más.
Luis Sandrini protagonizaba la parte del tango — hacía de un joven empecinado en componer un tango que no terminaba nunca. Se pasaba el film entero silbando la melodía de Delfino. En el clímax de la película, el músico encuentra el café donde un pianista, un violinista y un bandoneonista pueden ayudarlo a terminar la obra. Ese trío eran en realidad José María Rizzutti en el piano, Vicente Tagliacozzo en el violín y Aníbal Troilo en el bandoneón — que tenía entonces diecisiete años. El cantor Luis Díaz entonó el tango por primera vez ante la cámara.
El secreto de la letra: Julián Centeya
La historia de la autoría de la letra tiene una vuelta inesperada. Según relató el propio poeta Julián Centeya años después, algunos de los versos de Araca la cana fueron escritos por él — pero no quiso figurar como coautor junto a Rada. El periodista Elio Man lo documentó en la revista Mundo Policial: cuando Rada decidió escribir los versos sobre la melodía que le había confiado su amigo Delfino, recibió el beso de su adorada Emilia y miró su rostro. Recordó su promesa de fidelidad y sintió que las formas tentadoras de otra mujer le habían tendido una trampa. Era como pedirle a un preso del amor que rompiera sus rejas — y así comenzó a escribir sin confesión ni disculpa. Centeya colaboró en esa escritura pero prefirió el anonimato.
El propio Delfino, cuando le preguntaban por el éxito de sus tangos, respondía con una frase que se volvió célebre: muy sencillo: le ponemos versos y música a las crónicas policiales. Pero en este caso la crónica policial era una metáfora — quien encarcela al protagonista no es la policía sino un par de ojos negros femeninos.
Enrique Delfino: el George Gershwin argentino
Enrique Pedro Delfino nació en Buenos Aires en la calle Corrientes, hijo de los concesionarios del bar del Teatro Politeama — en esa esquina de Corrientes y Paraná donde la bohemia y el espectáculo convivían desde siempre. Pasó su infancia entre bambalinas, actores, poetas y empresarios de la noche. Sus padres, al advertir su talento para el piano, lo enviaron a estudiar a Turín. De regreso se escapó a Montevideo, donde debutó como clown musical con el seudónimo de Rock y como Delfy fue el fantasista del piano que hacía reír y cantar al público.
Fue uno de los creadores del tango-romanza junto a Juan Carlos Cobián — con Sans souci inauguró esa tendencia melódica y elaborada. Tuvo su propia orquesta, descubrió a Azucena Maizani y a Sofía Bozán, y compuso alrededor de trescientos temas. El crítico Pompeyo Camps lo llamó el George Gershwin argentino. Gardel le grabó 26 temas — entre ellos Aquel tapado de armiño, Dicen que dicen, Padre nuestro, Palermo, El rey del cabaret y Araca la cana. Sus obras más recordadas incluyen Re Fa Si, Milonguita, Haragán, La copa del olvido y Ventanita florida.
Mario Rada: el sainetero y el tango
Mario Fernando Rada nació en Buenos Aires el 3 de marzo de 1898 y murió el 24 de abril de 1947. Fue periodista, comediógrafo y letrista de tango. Estrenó su primera obra teatral en 1917 en el Teatro Nacional y a lo largo de su carrera escribió más de veinte sainetes — varios en colaboración con su hermano Alberto. Su amistad con Enrique Delfino le dio acceso a algunas de las composiciones más populares del músico: el vals Carmen (1927), Serenata criolla, Cuando era chiquitito y Araca la cana, que fue la de mayor difusión. También escribió el tango De mí te has de acordar con música de Juan Maglio Pacho y Calla corazón con música de Rodolfo de Biagi.
Ficha técnica
- Título: Araca la cana
- Género: Tango
- Música: Enrique Delfino
- Letra: Mario Rada (con colaboración no firmada de Julián Centeya)
- Año: 1933
- Estreno: Película Los tres berretines, dir. Enrique Susini (19/05/1933)
- Primera grabación discográfica: Osvaldo Fresedo con Roberto Ray (06/06/1933)
- Grabación que lo consagró: Carlos Gardel con guitarras de Pettorossi, Barbieri, Riverol y Vivas (12/06/1933)
Grabaciones destacadas
- Osvaldo Fresedo con Roberto Ray (06/06/1933) — primera grabación discográfica
- Carlos Gardel con cuatro guitarras (12/06/1933) — versión que lo consagró
- Francisco Canaro con Ernesto Famá
- Armando Pontier con Roberto Goyeneche
Análisis literario
El título es lunfardo puro y preciso. Araca es voz de alarma — equivalente al español ¡cuidado!, del caló aracatanó, que los presos empleaban para prevenirse ante la cercanía de un guardián. La cana es la policía. Pero la cana de este tango no es la policía — son los ojos negros de una mujer. El guapo más curtido del arrabal queda preso de una mirada.
La paradoja es el corazón del tango: el hombre que se enorgullece de haber guapeado en mil y una ocasiones, de haberse jugado entero al bardo sin asco ni cuidado, cae rendido ante una mujer como caería el más gil de los mortales. La frase final lo dice con perfecta ironía: si es pa' creer en cosa 'e Dios que al guapo más capaz le falle el corazón. El amor como misterio que iguala a todos — al guapo y al cobarde, al malevaje y al hombre honesto.
Rada usa el lunfardo de manera orgánica — engriyao, engayolao, cuore me ha fayao, entreverao, al bardo, gil — sin que suene forzado ni decorativo. Es la lengua natural del personaje que habla, y eso le da autenticidad al retrato.
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