Botines viejos | Historia del tango de Alberto Vaccarezza y Juan de Dios Filiberto
Botines viejos es un tango con música de Juan de Dios Filiberto y letra de Alberto Vaccarezza que pertenece a lo más depurado del tango lírico argentino. Vaccarezza — conocido principalmente como sainetero y autor de comedias populares — aquí abandona el humor y construye una elegía de una sencillez y una hondura que lo ponen a la altura de los mejores letristas del período. La metáfora central es de una precisión que ningún otro objeto cotidiano podría igualar: los botines viejos, gastados de tanto caminar, son el espejo exacto de una vida consumida en busca de algo que no se alcanzó. Y la voz que viene desde su abandono para decirle al yo poético "lo que has perdido no encontrarás" es uno de los momentos más oscuros y más exactos de todo el cancionero.
Filiberto le dio una música que tiene el paso lento y el peso cansado que la letra necesita — una música que camina como los botines que describe.
Ficha técnica
- Título: Botines viejos
- Género: Tango
- Música: Juan de Dios Filiberto
- Letra: Alberto Vaccarezza
- Registro: Tango lírico / elegía / metáfora del objeto cotidiano / desengaño amoroso
Alberto Vaccarezza: el sainetero que escribió una elegía
Alberto Vaccarezza (1886–1959) fue uno de los dramaturgos, saineteros y letristas más importantes y más prolíficos de la cultura popular argentina de la primera mitad del siglo XX. Autor de más de cien obras teatrales — sainetes, comedias, dramas — que retrataron con humor y ternura la vida del arrabal porteño y sus tipos humanos, fue también letrista de tango en la misma tradición costumbrista que definió su obra dramática.
Pero Botines viejos muestra otra dimensión de Vaccarezza: la del poeta lírico que abandona el color y la comicidad del sainete para adentrarse en el territorio del tango más oscuro y más melancólico. La letra no tiene ninguno de los recursos del sainete — ningún personaje pintoresco, ningún giro cómico, ninguna situación costumbrista. Solo un hombre solo con sus botines viejos y la constatación de que lo que perdió no va a volver.
Juan de Dios Filiberto: el músico del caminar
Juan de Dios Filiberto (1885–1964) fue uno de los compositores más importantes del tango y la canción popular argentina, nacido y criado en el barrio de La Boca. Su obra — que incluye "Caminito", "Quejas de bandoneón" y otras piezas fundamentales — tiene una veta lírica y melancólica que lo distingue de los compositores más rítmicos del período.
La música que Filiberto compuso para Botines viejos es perfecta para el texto de Vaccarezza: tiene el ritmo de alguien que camina lentamente, con cansancio, sin apuro porque ya no hay adónde llegar. El mismo compositor que en Caminito evocó el camino que se borra aquí evoca el camino que dejó los botines destrozados. Los dos tangos son, en cierta manera, el mismo tango visto desde dos momentos diferentes de la misma vida.
Análisis literario: el objeto como espejo
La apertura de la letra es de una intimidad inmediata y conmovedora: "¡Aquí están!... Botines viejos / de mis líricas andanzas, / buscadores de esperanzas / que la vida nos truncó." La exclamación inicial — "¡Aquí están!" — convierte el hallazgo de los botines en un reencuentro cargado de emoción. No son zapatos que se encuentran en el fondo de un armario — son compañeros que regresan. Y la primera calificación que reciben — "de mis líricas andanzas" — dice mucho sobre el yo poético: sus andanzas no fueron vulgares ni mercenarias sino líricas, motivadas por algo que tenía la textura de la poesía o del amor.
La segunda estrofa amplía el retrato con una precisión física que es también simbólica: "Por la calle de mis penas / tristemente caminaron / hasta que se destrozaron / desde la suela al talón." La destrucción es total y sistemática — desde la suela al talón — y la calle por la que caminaron es la calle de las penas, no la del éxito ni la del gozo. El camino recorrido fue un camino de dolor.
El estribillo es el corazón de la pieza y su momento más poético. La personificación de los botines — "fieles compañeros / que tras ella fueron / y consumieron de tanto andar" — los convierte en seres con voluntad y lealtad, no en objetos pasivos. Fueron tras ella — la mujer, la ilusión, lo que se perdió — con la misma fidelidad y la misma obstinación del yo poético. Y se consumieron en ese intento, igual que él.
Y entonces viene la imagen más sorprendente y más bella de toda la letra: "Y una voz que viene / desde su abandono, / dice a mis oídos: / 'Lo que has perdido / no encontrarás'." Los botines abandonados hablan. La voz no viene de la memoria ni del corazón ni de ninguna fuente humana — viene de los botines mismos, desde el lugar donde fueron dejados. Y lo que dicen es la verdad más dura del tango y de la vida: lo que se perdió no vuelve. No hay esperanza de recuperación. El círculo se cerró.
La última estrofa generaliza la metáfora con una fuerza filosófica que eleva el tango muy por encima del costumbrismo: "me imagino que la vida / es la suela consumida / en inútil caminar". La vida entera como suela gastada en un camino inútil — una definición de la existencia que podría haber escrito Discépolo pero que aquí tiene la sencillez y la concreción que el autor teatral de Vaccarezza sabe dar a las cosas. Y el cierre, que vuelve a los botines, cierra el círculo con una simetría perfecta: el hombre arrinconado con su ilusión lejana es idéntico a los botines que ya nunca se han de usar.
El objeto cotidiano como metáfora total
El tango tiene una tradición de convertir objetos cotidianos en metáforas de estados emocionales o existenciales — el calefón de Cambalache, el café de Cafetín de Buenos Aires, la suela de Botines viejos. Lo que hace singular a esta pieza dentro de esa tradición es que el objeto no es decorado ni escenario sino protagonista activo: los botines caminan, siguen, se consumen, hablan. Son tan sujetos de la letra como el yo poético. Y eso convierte un tango que podría haber sido simplemente melancólico en algo más profundo: una meditación sobre la solidaridad entre el hombre y las cosas que lo acompañaron, y sobre lo que queda cuando esas cosas ya no sirven.




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