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Antiguo reloj de cobre | Historia del tango de Eduardo Marvezzi

En la década de 1950, por las calles de Villa Puerredón caminaba sin apuro un hombre que a la mañana era tornero en la fábrica Grafa y cuando oscurecía se transformaba en cantor de tangos. Se llamaba Eduardo Marvezzi. Bastante robusto, con el jopo alto y los bigotitos finos de galán de la época, cantaba en cantinas y boliches de barrio acompañado por dos guitarristas. Soñaba con el día en que pudiera largar la Grafa.

Una noche, entonado por un par de ginebras, anunció que había compuesto un tango. La letra era de un profesor de química amigo suyo. La música era propia. La silbó a un bandoneonista conocido, que la pasó al pentagrama y dijo que se la iba a llevar a Pugliese. Antiguo reloj de cobre llegó a la orquesta de Osvaldo Pugliese, fue grabado por el Negro Miguel Montero el 2 de septiembre de 1955, y vendió más de treinta y cinco mil discos.

El tango del tornero y el profesor de química

La historia de Antiguo reloj de cobre es la historia del tango de barrio — el que se compone en los márgenes del mundo profesional, entre el trabajo y la noche, con los recursos que se tienen a mano. Marvezzi no era compositor de oficio ni tenía contactos en el ambiente. Era un aficionado con talento que silbaba melodías y las confiaba a quienes sabían escribirlas. El profesor de química que le puso letra tampoco era un letrista profesional. Eran dos hombres de barrio que hicieron juntos algo que duró más que ellos.

El camino hasta Pugliese fue el del tango verdadero: de mano en mano, de músico en músico, hasta llegar al maestro. Y el maestro lo vio. La orquesta de Parque Crespo tenía esa capacidad de encontrar en materiales sencillos algo que las orquestas más snobs hubieran pasado por alto.

Miguel Montero: el Negro del barrio de San Cristóbal

Miguel Ángel Montero — el Negro Montero — nació en el barrio de San Cristóbal. Era un cantor de voz cálida y estilo directo, sin adornos innecesarios, que Pugliese incorporó a su orquesta en un período de gran productividad. Con Pugliese realizó dieciséis grabaciones y cuatro más en dúo con Jorge Maciel. Antiguo reloj de cobre fue su creación exclusiva — el tema que lo identificó para siempre, así como Gardel tuvo *Mi Buenos Aires querido*, Magaldi tuvo *El penado catorce* y Goyeneche tuvo *Naranjo en flor*. Todo cantor que se precie tiene su tema emblemático: el de Montero fue este reloj de cobre que vendió treinta y cinco mil placas para el sello Odeón.

En 1959 Montero se separó de Pugliese e inició su trayectoria como solista. Debutó en Radio Splendid con su propia orquesta dirigida por José Libertella.

Osvaldo Pugliese: el maestro de Parque Crespo

Osvaldo Pugliese nació en Villa del Parque en 1905 y formó su orquesta en 1939. Su sonido era único — profundo, complejo, deliberadamente lento en los comienzos y luego explosivo, una combinación que creó un estilo inconfundible. Su orquesta fue también un lugar de descubrimiento: recibía materiales de compositores desconocidos y los convertía en clásicos. Antiguo reloj de cobre es uno de los ejemplos más claros de ese proceso.

Pugliese fue militante comunista y sufrió persecución política durante los gobiernos de Perón y las dictaduras posteriores. Cuando lo encarcelaban, la orquesta seguía tocando con un clavel rojo sobre el piano. Murió en 1995 a los 89 años, todavía activo.

Ficha técnica

  • Título: Antiguo reloj de cobre
  • Género: Tango
  • Música y letra: Eduardo Marvezzi
  • Año: 1955
  • Primera grabación: Osvaldo Pugliese con Miguel Montero (02/09/1955, sello Odeón)
  • Ventas: más de 35.000 discos

Grabaciones destacadas

  • Osvaldo Pugliese con Miguel Montero (02/09/1955) — primera grabación y versión de referencia
  • Eduardo Marvezzi — versión del propio autor
  • Rubén Benegas — versión posterior recordada

Análisis literario

Antiguo reloj de cobre es un tango de la memoria y la herencia — el objeto que el padre llevaba en su cadena como un puente levadizo delante del corazón, que la madre le prestaba al hijo chico para calmarlo cuando lloraba, que el tiempo convirtió en reliquia. Y que al final termina en el banco prestamista, empeñado por cuatro pesos sucios — la venganza del mundo taimado y traidor.

La trayectoria del reloj es la trayectoria del narrador: del calor del hogar paterno a la dureza de la vida adulta. El reloj que fue orgullo del viejo, juguete de infancia y reliquia, termina siendo moneda de cambio para sobrevivir. Esa degradación del objeto sagrado — la reliquia que se empeña por cuatro pesos — concentra en una imagen toda la filosofía del tango sobre el paso del tiempo y la crueldad de la vida.

El estribillo tiene la forma del monólogo de disculpa que el tango usa tan bien: Perdóname, viejo, si de vos me olvido / sé que lo has querido tanto como yo / sé que desde el cielo me estás campaneando / y que estás llorando como lloro yo. El padre muerto que vigila desde el cielo — campaneando, en lunfardo — al hijo que llora con la misma emoción. Marvezzi encontró en ese momento la humanidad simple y directa que hace a un tango perdurar.


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