Aquel cantor de mi pueblo | Historia de la canción de Enrique Maciel e Ignacio Corsini
Hay canciones que solo pueden entenderse conociendo la vida de quien las escribió. Aquel cantor de mi pueblo tiene música de Enrique Maciel y letra de Ignacio Corsini — el Caballero Cantor. Lo compuso en 1954, cuando llevaba seis años encerrado en su casa de la calle Otamendi, sin cantar, sin aparecer en público, preso de una melancolía sin fondo desde que murió su mujer Victoria Pacheco en 1948. Era un lamento por la ausencia de ella — aunque la letra lo disfraza de evocación de un cantor anónimo del pueblo.
Corsini nunca pudo cantarlo. Lo grabaron Edmundo Rivero y Alberto Marino.
Ignacio Corsini: el siciliano que cantaba como los pájaros
Andrés Ignacio Corsini nació el 13 de febrero de 1891 en Troina, provincia de Catania, Sicilia. Llegó de niño a Buenos Aires con su madre Socorro Salomone y se instalaron en Almagro. Pronto fue llevado al campo — a una estancia en Carlos Tejedor, partido bonaerense — donde fue boyero y resero, y donde aprendió a cantar escuchando los pájaros. Él mismo lo explicó alguna vez: los pájaros me enseñaron la espontaneidad de su canto, sin testigos, en el gran escenario de la naturaleza. Aprendí a cantar como ellos, naturalmente y sin esfuerzo.
Cuando volvió a Buenos Aires, alrededor de 1907, frecuentó los cafetines y pulperías de la capital cantando con su guitarra. En Almagro escuchó por primera vez al payador José Betinotti — que sería su modelo y su inspiración. Se sumó a las caravanas de varios circos, donde además de cantor actuaba en obras criollas: Juan Moreira, Martín Fierro, Juan Cuello y Santos Vega. En el circo de los Podestá cantó ante el presidente Figueroa Alcorta durante los festejos del Centenario.
Fue durante esos años en el circo cuando conoció a Victoria Pacheco, hija del patrón y trapecista. Tenía 20 años él y 17 ella. Los Pacheco se oponían — eran familia criolla tradicional y él era un inmigrante sin dinero. La solución que encontraron fue quedarse embarazados. En aquella época, ante tal situación, había que casarse. Y se casaron. Fue un amor total que duró toda la vida.
Corsini integró junto a Carlos Gardel y Agustín Magaldi la trinidad del canto popular de los años veinte. Fueron los tres simultáneamente famosos — aunque Gardel trascendiera más después de Medellín. Su estilo era diferente al de Gardel: más criollo, más campero, heredero directamente del payador, con ese dejo nasal del sur de Italia que paradójicamente hacía su canto más porteño. Gardel tenía en su casa de la calle Otamendi, sobre el piano, una foto dedicada que decía: A mi amigo Ignacio Corsini, el gran intérprete de las canciones de mi tierra. Su admirador, Carlos Gardel. Jorge Luis Borges fue también admirador suyo.
Para 1929 sus grabaciones superaban las 380 canciones. Ese año le presentó a su guitarrista Enrique Maciel al poeta e historiador Héctor Pedro Blomberg — y nació el ciclo de los valses federales: La pulpera de Santa Lucía, La mazorquera de Montserrat, Los jazmines de San Ignacio, La canción de Amalia. El éxito fue descomunal.
En mayo de 1949 cantó por última vez. Victoria había muerto en 1948 y Corsini se hundió en una depresión de la que no saldría nunca. Borró los rastros de cualquier manifestación artística. Se encerró en su casa de la calle Otamendi al 600, enfrente del Parque Centenario, y no salió más. Apenas tuvo un par de apariciones fantasmales. Murió el 26 de julio de 1967 en esa misma casa.
Enrique Maciel: el guitarrista moreno del trío inseparable
Enrique Maciel era afrodescendiente argentino. El hijo de Corsini lo recordó así: era muy pulcro, morocho, cabello renegrido en motas, llevado hacia atrás, sus ojos eran enormes. Usaba invariablemente camisas de seda con grandes gemelos y se perfumaba generosamente. Lucía elegante con su smoking. Era quien en el piano de nuestra casa pasaba las partituras para las guitarras.
Formó con Rosendo Pesoa y Armando Pagés el trío de guitarristas de Corsini — considerado por muchos el mejor grupo de guitarras de su época. Corsini fue el único cantor que los tenía bajo contrato anual, trabajaran o no. Maciel compuso la música de La pulpera de Santa Lucía, La mazorquera de Montserrat y todos los valses del ciclo federal. Y cuando Corsini se retiró del canto, puso música a la última letra que escribió el Caballero Cantor: Aquel cantor de mi pueblo.
La historia de la canción: el lamento disfrazado
Victoria Pacheco murió en 1948. Corsini quedó destrozado. En 1954 — seis años después — dio a conocer una sola obra: Aquel cantor de mi pueblo, con música de Enrique Maciel. Era un lamento por la ausencia de su esposa, aunque la letra lo presenta como la evocación de un cantor anónimo del pueblo que ya no está. Corsini nunca pudo cantarla. Eran sus propias palabras, pero su voz se había apagado con la de Victoria. La grabaron Edmundo Rivero y Alberto Marino.
Ficha técnica
- Título: Aquel cantor de mi pueblo
- Género: Estilo / Canción criolla
- Música: Enrique Maciel
- Letra: Ignacio Corsini
- Año: 1954
- Intérpretes: Edmundo Rivero y Alberto Marino (Corsini nunca la grabó)
Análisis literario
Aquel cantor de mi pueblo habla de un cantor que se fue — y en ese hablar de otro se habla de uno mismo. Es el recurso literario de la tercera persona para decir lo que la primera persona no puede sostener. Corsini no podía cantar en primera persona su propio duelo. Lo puso en la figura de un cantor anónimo del pueblo, cuya voz ya no se escucha, cuya presencia se recuerda desde la nostalgia.
El estilo criollo como género favorece este tipo de evocación — más pausado que el tango, más cercano a la décima y al canto payadoresco, permite una melancolía contemplativa que no desgarra sino que envuelve. Corsini sabía mejor que nadie cómo funcionaba ese género: había pasado su vida cantándolo. Y en su última obra lo usó para despedirse sin decir que se despedía.
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