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Anoche | Historia del tango de Armando Pontier y Cátulo Castillo

Hay tangos que son autobiográficos pero con los personajes al revés. Anoche es uno de ellos. Lo compuso Cátulo Castillo en 1952 con música de Armando Pontier. Cátulo era un cuarentón que había seducido a una mujer casada — la rubia Nadia, fascinante, que atraía todas las miradas — y escribió el tango desde el punto de vista del marido traicionado: el hombre que la ve pasar del brazo de otro, parado en el cordón de la vereda, deshilachado y con la razón nublada.

Lo grabó por primera vez la orquesta de Luis Caruso con Walter Escobar en 1949. La versión que lo consagró fue la de la orquesta Francini-Pontier con Pablo Moreno, el 17 de junio de 1952 — la misma orquesta del compositor de la música.

La historia: el tango autobiográfico al revés

Cátulo Castillo contó la historia él mismo. En una visita a Bahía Blanca, durante un almuerzo en una casa particular, le contó al periodista que después escribiría sobre el tema cómo había conocido a Nadia en un agasajo. Era una mujer rubia, fascinante, de clase y charme evidentes. La conversación inicial derivó en regalos, invitaciones, alhajas, tapados de visón y versos de amor. La relación clandestina que siguió duró un tiempo en que su marido intuía pero no se animaba a profundizar.

Cátulo era el amante. Pero cuando escribió Anoche, eligió la perspectiva del marido — el hombre que la ve pasar en su coche con otro querer, que está parado en el cordón de la vereda desesperado, nublada la razón, deshilachado. Tomó la situación vivida, la invirtió, y la convirtió en tango. No es la primera vez que un poeta se pone del lado opuesto al que ocupaba en la realidad para encontrar la verdad emocional más profunda — pero en el tango es una rareza que vale la pena señalar.

Armando Pontier: el Puntorero de Miguel Caló

Armando Pontier nació en Campana, provincia de Buenos Aires, el 22 de febrero de 1918. Lo apodaban el Puntorero. Estudió bandoneón en su ciudad natal y llegó a Buenos Aires con el maestro Ehlert, con quien estudió solfeo, armonía y composición. Su incorporación a la Orquesta de las Estrellas de Miguel Caló — junto a Maderna, Federico, Francini, Lázzari, Rovira y otros que harían historia — fue decisiva para su formación.

Con su gran amigo Enrique Francini formó la Orquesta Francini-Pontier, que debutó el 1 de septiembre de 1945 con un éxito rotundo. Sus vocalistas de primera línea incluyeron a Raúl Berón, Roberto Rufino, Alberto Podestá y el descubrimiento de Pontier: Julio Sosa. La sociedad Francini-Pontier duró diez años, y cuando se disolvió cada uno siguió su propio camino aunque volvieron a unirse circunstancialmente para giras a Japón.

Como compositor, Pontier fue uno de los más fecundos y exigentes de su generación. Con Homero Expósito hizo Trenzas, Margo, Pa'qué, Bien criolla y bien porteña. Con José María Contursi, Tabaco. Con Carlos Bahr, Cada día te extraño más. Con Cátulo Castillo, Anoche. Con Federico Silva, una larga lista de obras para Roberto Goyeneche. Su tango Qué falta que me hacés tiene cerca de 300 grabaciones. Troilo lo admiraba tanto que Pontier le dedicó su tango Pichuco. El 25 de diciembre de 1983, Pontier era todavía un hombre joven con proyectos, pero bajo una fuerte depresión y problemas íntimos, resolvió poner fin a su vida.

Cátulo Castillo: la nostalgia y el pesimismo

Ovidio Cátulo González Castillo nació el 6 de agosto de 1906 en Buenos Aires. Su padre fue el anarquista José González Castillo. A los 17 años compuso Organito de la tarde. Practicó boxeo hasta ser campeón argentino de peso pluma y preseleccionado para las Olimpíadas de Amsterdam de 1928. Viajó a Europa en 1926 y en 1928 se reencontró en París con Gardel, que le grabó varios tangos. Fue director del Conservatorio Municipal Manuel de Falla. Era militante del Partido Comunista.

En los años cuarenta y cincuenta llegó el apogeo de su poesía. Sus grandes socios fueron Sebastián Piana — Tinta roja, Caserón de tejas —, Armando Pontier — Anoche — y sobre todo Aníbal Troilo — María, La última curda, Una canción, Desencuentro. Cátulo tenía 95 perros, 19 gatos y dos corderitos llamados Juan y Domingo. La Revolución Libertadora de 1955 lo echó de todos sus cargos, prohibió que se pasaran sus temas por radio e intervino SADAIC para que no cobrara sus derechos. Murió el 19 de octubre de 1975. En 1974 había sido nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Ficha técnica

  • Título: Anoche
  • Género: Tango
  • Música: Armando Pontier
  • Letra: Cátulo Castillo
  • Año: 1949
  • Primera grabación: Luis Caruso con Walter Escobar (1949)
  • Versión que lo consagró: Francini-Pontier con Pablo Moreno (17/06/1952)

Grabaciones destacadas

  • Luis Caruso con Walter Escobar (1949) — primera grabación
  • Francini-Pontier con Pablo Moreno (17/06/1952) — versión de referencia
  • Horacio Deval con guitarras (1956)
  • Mariano Mores con Aldo Campoamor (1959)
  • Osvaldo Piro con Alberto Hidalgo (1969)
  • Alberto Morán con la orquesta de Armando Cupo (1970)
  • Sexteto Tango con Jorge Maciel (1970)

Análisis literario

Anoche tiene una de las imágenes iniciales más potentes de Cátulo: ver a la amada pasar del brazo de otro, sin dolor, siendo feliz, tras ese escaparate de cristal del coche que la separa del narrador como si ya estuviera en otro mundo. Tu coche que pasó me salpicó su noche de fangal y lluvia. El barro y la lluvia que salpica al que queda parado en el cordón es una imagen de una crueldad perfectamente calculada.

La segunda estrofa confirma que la mujer ya no sufre — tiene la tez marfil, el visón — mientras el narrador está en el cordón, desesperado, nublada la razón, deshilachado. La oposición entre la elegancia de ella y el desastre de él no podría ser más tajante.

Cátulo escribió desde el pesimismo que caracterizó sus obras maduras — la misma filosofía de derrota que late en La última curda. Pero en Anoche el pesimismo tiene la forma del instante concreto: no es una reflexión sobre la vida sino una imagen fijada para siempre en la memoria. El coche que pasa, el barro que salpica, el hombre que se queda en el cordón. Eso es todo. Y es suficiente.


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