Arrabal amargo | Historia del tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera
El 19 y 20 de marzo de 1935, en los estudios de la Paramount en Nueva York, Carlos Gardel grabó los temas de su última película: Tango Bar. En esas dos jornadas quedaron registrados Por una cabeza, Volver, Sus ojos se cerraron, El día que me quieras y Arrabal amargo. Fueron las últimas grabaciones de su vida. Tres meses después, el 24 de junio, moriría en el accidente aéreo de Medellín.
La letra de Arrabal amargo la escribió Alfredo Le Pera, que también moriría en ese accidente. Los dos hombres que crearon juntos el repertorio más famoso del tango porteño dejaron en estas grabaciones de marzo su despedida al mundo sin saberlo.
Tango Bar: la última película de Gardel
La historia de las películas de Gardel en Hollywood comenzó en 1934, cuando el Zorzal convocó a Alfredo Le Pera a Nueva York para que actuara como su representante ante la Paramount. El contrato se firmó el 20 de marzo de ese año, creando una empresa productora subsidiaria llamada Éxito Corporation, cuyo único accionista era Gardel. Las dos primeras películas — Cuesta abajo y El tango en Broadway — fueron dirigidas por el francés Louis Gasnier, que no convenció ni a Gardel ni a Le Pera. Para las siguientes, El día que me quieras y Tango Bar, fue reemplazado por John Reinhardt.
Tango Bar se filmó en los estudios Kaufman Astoria de Queens, Nueva York. Es la última de la serie — la que cierra el ciclo de películas estadounidenses de Gardel para la Paramount. La película cuenta la historia de un músico argentino en París. Gardel canta cuatro temas: Por una cabeza, Arrabal amargo, Lejana tierra mía y la jota Los ojos de mi moza.
Alfredo Le Pera: el poeta de Hollywood
Alfredo Marino Le Pera nació en São Paulo, Brasil, el 1 de junio de 1900, hijo de inmigrantes italianos. Llegó a Buenos Aires en 1910 y se crió en el barrio de Almagro. Estudió Derecho sin terminar la carrera. Desde joven frecuentó los ambientes teatrales y periodísticos — fue redactor del diario La Razón y colaboró en publicaciones de espectáculos.
Su encuentro con Carlos Gardel cambió la historia de la música popular. Gardel lo conocía de Buenos Aires, donde Le Pera había escrito ya algunas letras de canciones. Cuando el Zorzal llegó a París en los años treinta, Le Pera se convirtió en su colaborador más cercano — primero como letrista y luego como guionista de las películas que ambos harían para la Paramount. Vivía en el mismo hotel que Gardel durante las filmaciones. La intimidad de su trabajo conjunto se trasluce en el ajuste perfecto entre la música de Gardel y los versos de Le Pera.
Escribió las letras de las 28 canciones de las películas de Gardel para la Paramount. Entre ellas: Volver, El día que me quieras, Sus ojos se cerraron, Mi Buenos Aires querido, Cuesta abajo, Por una cabeza, Golondrinas, Soledad, Lejana tierra mía y Arrabal amargo. Murió junto a Gardel en el accidente de Medellín el 24 de junio de 1935. Tenía 34 años.
Ficha técnica
- Título: Arrabal amargo
- Género: Tango
- Música: Carlos Gardel
- Letra: Alfredo Le Pera
- Año: 1935
- Película: Tango Bar, dir. John Reinhardt (Paramount, 1935)
- Grabación: Carlos Gardel con orquesta dir. Terig Tucci (19-20/03/1935, Nueva York)
Grabaciones destacadas
- Carlos Gardel con orquesta dirigida por Terig Tucci (1935) — única versión del autor y versión de referencia
- Edmundo Rivero — versión posterior muy recordada
- Roberto Goyeneche — entre las versiones más emotivas
- Hugo del Carril
Análisis literario
Arrabal amargo es uno de los tangos más complejos del repertorio de Gardel y Le Pera. La relación del narrador con el arrabal es contradictoria — no es el amor simple del nostálgico ni el rechazo liso del que se fue. Es algo más difícil: el arrabal como condena y como patria simultáneamente.
El verso de apertura lo establece todo: arrabal amargo, metido en mi vida como la condena de una maldición. El arrabal no es un lugar que se elige — es algo que le ocurrió al narrador, que lo penetró sin permiso y que ya no puede sacárselo de encima. La imagen de la maldición es fuerte y precisa: no hay culpa en el narrador, pero hay destino.
La segunda estrofa introduce el amor como la única luz que iluminaba ese paisaje oscuro: con ella a mi lado no vi tus tristezas, tu barro y miserias, ella era mi luz. Sin ella, el arrabal vuelve a ser lo que era — o peor, porque ahora el narrador lo ve sin ese filtro. La pérdida del amor es también la pérdida de la capacidad de ver el mundo de otra manera.
El estribillo es el momento más lírico: rinconcito arrabalero, con el toldo de estrellas de tu patio que quiero. Aquí el arrabal es amado — el mismo lugar que en la primera estrofa era maldición es ahora querido. Esa ambivalencia es la clave del tango: el arrabal duele y se extraña al mismo tiempo, porque es de donde venimos y a donde no podemos volver de la misma manera.
Le Pera usó en este tango una estructura más elaborada que en otras obras suyas — con estrofas, estribillo y un uso del tiempo verbal que alterna entre el presente del dolor y el pasado del amor. Es una de sus letras más logradas y es curioso que sea tan poco conocida fuera de los tangueros, opacada por el brillo de Volver y El día que me quieras.
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