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Bandoneón arrabalero | Historia del tango de Pascual Contursi y Juan Bautista Deambroggio

Hay tangos que nacen de una transacción nocturna en París. Bandoneón arrabalero tiene una historia de dos ciudades y tres hombres: Horacio Pettorossi, que lo compuso en una madrugada parisina; Juan Bautista Deambroggio —Bachicha— que lo compró por mil francos; y Pascual Contursi, que le puso los versos desde las sombras de su propia decadencia. El resultado fue el último gran tango que escribió el creador del tango canción.

Lo grabó Carlos Gardel en 1928 y alcanzó difusión mundial. Lo cantaron Goyeneche con Troilo, el Trío Irusta-Fugazot-Demare, Canaro con Charlo, Libertad Lamarque y Nelly Vázquez con Piazzolla, entre muchos otros.

La historia secreta: mil francos en París

Según relató Enrique Cadícamo en La historia del tango en París, la música de Bandoneón arrabalero no fue compuesta por Bachicha sino por Horacio Pettorossi, guitarrista de la orquesta Bianco-Bachicha. Una madrugada de 1927, cuando ya se habían retirado los habituales del local y el personal levantaba las mesas, Pettorossi esperó a quedarse a solas con Bachicha y le propuso escuchar un tango que acababa de componer.

Bachicha, exhausto, accedió. Pettorossi comenzó a interpretar una melodía que le despertó admiración genuina. Al terminar le preguntó qué le parecía, y Bachicha respondió: te felicito. Casi sin pausa Pettorossi dijo: mil francos. Bachicha, creyendo que el guitarrista necesitaba dinero, sacó los billetes y se los ofreció en préstamo. Pettorossi rechazó el gesto y repitió: nada de deudas, vengan los mil. La obra cambió de dueño en esa misma noche.

Bachicha tuvo al menos un gesto de elegancia: publicó el tango con la dedicatoria al celebrado compositor y mejor amigo Horacio G. Pettorossi — un reconocimiento velado al verdadero autor que los entendidos de la época no dejaron de notar.

Luego, aprovechando que Pascual Contursi se encontraba en París, Bachicha le pidió que adaptara los versos a la música. Contursi escribió la letra. El tango fue mandado a imprimir y se convirtió en uno de los éxitos de la orquesta Bianco-Bachicha en Europa.

Pascual Contursi: el último tango

Pascual Contursi nació el 18 de noviembre de 1888 en Chivilcoy y creció en un conventillo del barrio de San Cristóbal. Fue el creador del tango canción tal como lo conocemos: en 1917 escribió la letra de Mi noche triste sobre la música de Lita de Samuel Castriota, inaugurando una nueva etapa del género en la que el tango dejaba de ser solo música de baile para convertirse en relato sentimental.

En 1927 viajó a Europa en la cima de su popularidad. En París fue donde escribió Bandoneón arrabalero — la última obra que se le conoce. Para entonces los síntomas de la sífilis que padecía comenzaban a alterar su mente. Los síntomas se agudizaron potenciados por el exceso de bebida y la falta de cuidados. Se encerraba en su habitación de hotel con un teatrito de juguete, recortando figuras de revistas para imaginar obras teatrales. Una noche de nevada apareció ante sus amigos vestido con ropa veraniega de algodón.

Sus amigos, entre los que estaba Gardel, lo embarcaron de regreso a Buenos Aires piadosamente engañado, sin que supiera que lo estaban repatriando. Murió internado en el Hospicio de las Mercedes el 29 de mayo de 1932 — el mismo lugar donde también murieron Eduardo Escaris Méndez y Dante A. Linyera. Tenía 43 años.

Escribió unas cuarenta letras de tango. Además de Mi noche triste y Bandoneón arrabalero, dejó Caferata, Ivette, Ventanita de arrabal, Flor de fango y De vuelta al bulín. Su hijo José María Contursi fue también músico y letrista de tango.

Juan Bautista Deambroggio: Bachicha en París

Juan Bautista Deambroggio nació el 2 de marzo de 1890 en La Plata. De joven vivía en el barrio de La Boca y trabajaba como herrero en los talleres de la Fundición Vassena. Fue justamente un compañero de trabajo, Roberto Firpo, quien lo presentó al maestro Alfredo Bevilacqua, con quien perfeccionó su formación musical. Cuando Firpo debutó con su orquesta en 1913-1914, Bachicha estaba en el bandoneón.

En 1916 viajó a Montevideo con Firpo. Luego formó con el violinista Eduardo Bianco la célebre orquesta Bianco-Bachicha que llevó el tango a París con enorme éxito. Cuando la orquesta se disolvió, Bachicha se quedó en Montparnasse, donde sus hijos — también músicos — tocaron con él. Murió en París el 28 de noviembre de 1963, todavía en actividad: se hallaba actuando con su orquesta en La Coupole.

Compuso más de treinta tangos — Avellaneda, Buena pinta, Montparnasse, Quebracho — pero solo Bandoneón arrabalero trascendió, y sobre su autoría pesa la duda que dejó el relato de Cadícamo.

Ficha técnica

  • Título: Bandoneón arrabalero
  • Género: Tango
  • Música: Juan Bautista Deambroggio (Bachicha) — atribuida originalmente a Horacio Pettorossi
  • Letra: Pascual Contursi
  • Año: 1928
  • Dedicatoria: al celebrado compositor y mejor amigo Horacio G. Pettorossi

Grabaciones destacadas

  • Orquesta Bianco-Bachicha con José Cohan — primera versión en Europa
  • Carlos Gardel con guitarras (1928)
  • Francisco Canaro con Charlo
  • Trío Irusta-Fugazot-Demare con Roberto Fugazot
  • Roberto Goyeneche con Aníbal Troilo
  • Roberto Goyeneche con Baffa-Berlingieri
  • Ángel Vargas con la orquesta de Eduardo del Piano
  • Floreal Ruiz con Francisco Rotundo
  • Libertad Lamarque
  • Nelly Vázquez con el quinteto de Astor Piazzolla
  • Edmundo Rivero

Análisis literario

Bandoneón arrabalero usa el bandoneón como espejo. El narrador se dirige al instrumento — viejo, abandonado, arrabalero — y en él va describiendo su propia situación. El paralelo es perfecto: el bandoneón que ya no suena es el hombre que ya no puede. La imagen del instrumento olvidado en un rincón condensa todo el dolor del descenso, del fracaso, del tiempo que pasa.

Es un recurso que el tango usó en otros momentos memorables — La última curda de Troilo-Cádícamo, Che bandoneón de Troilo-Manzi — pero Contursi fue el primero en emplearlo con esta precisión emocional. Y lo hizo cuando él mismo estaba desvaneciéndose, cuando París y la enfermedad lo iban borrando. Hay algo de testamento en estos versos.

La palabra arrabalero es clave: no es simplemente un bandoneón del arrabal sino uno que lleva el arrabal adentro, que fue formado por ese mundo de conventillos, calles de tierra y boliches nocturnos. Contursi, que nació en ese mundo, lo entendía desde adentro.


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